Ciro Gómez Leyva se ha ganado a pulso ser uno de los comentadores de noticias más odiados del país. Hay mucha gente que nada más verlo siente una repulsión inmediata. Sus palabras, la forma en cómo se mueve en la televisión, sus poses, su pedantería y su voz de petulancia: eso molesta a muchos, y los molesta mucho.

Ayer Andrés Manuel fue al noticiero de Ciro Gómez Leyva. El presidente electo estaba sonriendo. Mientras, Ciro hacía cara de querer ser un perro rabioso atacando a su presa.

Ciro es odiado no solamente por sus artículos y su cinismo, también por sus actitudes. Ayer no fue la excepción: cuando AMLO decía algo que no le parecía, se reía socarronamente, como diciendo: “ah, este señor ya va a comenzar con sus rollos”.

Así se ve Ciro. Así es Ciro.

En ciertos momentos, Ciro levantaba la voz porque AMLO trataba de explicar. Fue entonces que el lenguaje de Ciro actuó: volteó de un lado para otro, se llevó la mano a la barbilla, respiró como si estuviera desesperado y dijo “sí, sí, sí”, como para que AMLO se callara.

Así se ve Ciro. Así es Ciro.

Siempre, los periodistas como Ciro, quieren ser noticia. Por eso su protagonismo desmedido. Por eso su petulancia. Por eso su “yo siempre quiero ser la estrella”. No entienden que el periodismo es una profesión no de relumbrón, sino de labor para el bien de la gente, para los ciudadanos.

Ciro quería una declaración de AMLO que diera la vuelta a todas las redes sociales, una declaración que afectara negativamente a Andrés Manuel, que pudiera ser un traspié antes de tomar posesión.

No le salió.

Andrés Manuel sabe que el país está hecho una tragedia. Desde hace doce años ha visto cómo, la nación se ha vuelto cada vez peor. Él conoce al país todo, ha visitado todos los municipios, conocido historias horribles y hermosas, visto pobrezas y riquezas, desigualdades e iniquidades. No hay en el país persona que conozca más al propio país.

Por eso, cuando habla AMLO, sabe lo que dice. Sus explicaciones no son lugares comunes, sino análisis basados en el conocimiento. Cuando menciona que hay un grave problema en el país con la seguridad, lo sabe porque ha visto ello, lo ha comentado con la gente y lo ha sabido de la gente.

Eso siempre le ha molestado a Ciro: que AMLO brille y que él quede como un periodista que siempre que pretende ser duro sale siempre exhibido.

Por eso interrumpió, por eso fue una y otra vez con la cantaleta: “pero va a meter a la cárcel a los expresidentes”, por eso los comentarios fuera de lugar: “pero ¿va a venir Maduro a su toma de protesta? Porque Maduro es un dictador”.

Así se ve Ciro. Así es Ciro.

Andrés Manuel sabe que lograr seguridad es una cuestión urgente para el país, pero entiende que esa seguridad se precisa buscarla desde lo profundo y desde lo inmediato. Por eso creó la Guardia Nacional, por eso involucró al ejército y por eso esas propuestas vinieron acompañadas de otras muchas que le apuestan al desarrollo de las personas y al bienestar.

Cuando Andrés Manuel afirmó que “Es un desastre el sistema de seguridad del estado: las policías”, hay que creerle, porque no solamente están basadas sus palabras en el análisis de los datos, sino también en el campo. Eso hace una gran diferencia de Andrés Manuel con otros políticos.

La charla entre Andrés Manuel y Ciro fue mejor que la de ayer en Tercer Grado, no porque Ciro sea superior que los que estuvieron en Televisa anoche, sino porque como no fueron tantos en el panel, la entrevista fue más fluida.

Ciro fue a la carga una y otra vez. Quiso parecer un periodista intelectual a punto de dar un duro golpe a la carrera política de un personaje.

No le salieron sus estrategias.

Al final, jugó su última carta, le dijo algo así a Andrés Manuel “¿No se excedió con Ricardo Anaya con lo de Canayín?”.

Andrés Manuel López Obrador no sonrió. Supo que la pregunta traía jiribilla. No debía decir “sí, me excedí”. Eso era lo que busca Ciro. Andrés, rápido como es, prefirió responder con una frase que deja seco a Ciro: “¿Te imaginas si yo me quejo de lo que me han dicho?”

El propio Ciro asintió. Reconoció, pues, la inmensa guerra sucia que ha habido contra AMLO por lo menos en los últimos 12 años. Lo reconoció y ni se dio cuenta.

Ciro no dejará de ser uno de los comentadores de noticias más odiados de México. Y Andrés Manuel, sí, Andrés Manuel, todo indica, seguirá captando simpatías. Y es que, desde hace muchos, muchísimos años, la gente quería a un presidente, no a bufones o peleles o empleados de empresarios. Presidentes.

Sí, AMLO será presidente, y no bufón ni pelele ni empleado de unos cuantos empresarios.

Así también comienza la Cuarta Transformación.