Periodistas veracruzanos aseguraron que la línea de investigación que señala al gobernador Javier Duarte de Ochoa como autor intelectual del asesinato de Rubén Espinosa y cuatro mujeres, apunta al secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, un hombre que a partir del momento en que tomó posesión de su cargo ha amasado una impresionante fortuna.

Antes de ocupar ese puesto era un humilde vendedor de cámaras de vigilancia. Hoy, de acuerdo con Luis Velázquez, columnista de El Piñero de la Cuenca, posee hoteles, un rancho con animales exóticos, una constructora llamada Incorpora, la casa de empeños La Capillita (con sucursales en Xalapa y Coatepec), el taller mecánico Fusión (en Avenida de las Américas, Xalapa), el gimnasio Gym Jaguar, la empresa de alarmas GPA para domicilios particulares y oficinas; la cadena de tintorerías Max, dos escuelas de idiomas y Seax (Servicios y Equipamientos Automotrices de Xalapa) que en realidad es un negocio de grúas.

Señalado como el amo del terror en Veracruz, donde cogobiernan Duarte de Ochoa y el “cártel de la última letra”, durante su gestión como responsable de la seguridad pública en la entidad han sido asesinados doce periodistas y tres más son víctimas de desaparición forzada. Ello lo pinta como el sospechoso número dos de la muerte de Rubén Espinosa, Nadia Vera, Yesenia Alfaro, una colombiana llamada Nicole o Simone y Alejandra, una trabajadora doméstica.

Ineficiente a más no poder en su desempeño, eficaz en materia de enriquecimiento inexplicable, Arturo Bermúdez Zurita es blanco de incontables críticas por su prepotencia y por la falta de profesionalismo de los agentes de las corporaciones que se supone que dirige.

Pablo Filiberto Vélez, en una columna publicada el 22 de noviembre del año pasado por la agencia Orizaba en Red, denunció que sin intervención alguna del Congreso estatal, Duarte de Ochoa y Bermúdez Zurita crearon un organismo denominado Fuerza Civil, integrado por 2 mil elementos “de élite”, que en realidad sólo tiene 250 porque se trata de uno más de los negocios turbios del gobernador y su brazo armado.

Para equipar a la tal Fuerza Ciudadana, el gobierno de Veracruz dijo que había invertido en la compra de equipos “de gran movilidad”. Aunque la suma se desconoce, Pablo Filiberto Vélez dio a conocer que las viejas patrullas de la policía estatal fueron repintadas en los talleres de Bermúdez Zurita donde recibieron servicios de hojalatería y quedaron flamantes.

Arturo Bermúdez Zurita. Foto: Astronoticias

Arturo Bermúdez Zurita. Foto: Astronoticias

Además de saquear las arcas de uno de los estados más ricos en recursos naturales que tiene sin embargo altísimos índices de pobreza, Duarte de Ochoa ha consentido que Bermúdez Zurita y sus colaboradores actúen con plena impunidad. La noche del pasado 3 de junio, Priscila Ramírez Plata, secretaria particular del titular de Seguridad Pública, se estrelló a bordo de una camioneta del gobierno estatal porque manejaba perfecta y dichosamente ebria. La notica fue divulgada por la agencia Imagen del Golfo e ilustrada con fotos que muestran el vehículo destrozado al igual que el camellón de la avenida Lázaro Cárdenas.

“Es una persona que insulta la dignidad laboral” de quienes trabajan para ella, pero lo peor, agrega la nota de la citada agencia, es que “ha llegado a propiciar el entorpecimiento de las instrucciones dictadas para la ejecución de operativos de gran importancia”.

Claudia Guerrero Martínez, columnista de Orizaba en Red, recuerda que el 25 de noviembre de 2013, Bermúdez Zurita compareció ante la comisión de seguridad del Congreso del estado. Al llegar al recinto fue rodeado por una nube de periodistas; tras dejarlos con las preguntas en la boca, subió al estrado y dijo “pinches medios”, sin darse cuenta de que estaba delante de un micrófono encendido. Sus palabras fueron escuchadas por toda la gente, pero el sujeto no se disculpó. Entonces nació el hashtag #PinchesMedios.

La propia Claudia Guerrero, en diversas columnas, ha reseñado que en el fraccionamiento de lujo donde vive el otrora pobretón Bermúdez Zurita, hay una patrulla por cada uno de los 13 accesos al coto, y que adentro, alrededor de su mansión, hay muchas más. “Algunas están cubiertas de polvo, señal de que no han sido usadas en días”, detalló la periodista, que también es autora de las líneas que a continuación se trascriben:

“Y la seguridad que muestra Bermúdez Zurita es extraña. Si asegura que los índices de inseguridad han disminuido, por qué cuenta con un convoy de guaruras que se desplazan en una decena de camionetas Suburban blindadas”.

Así quedó la habitación donde fueron golpeados los estudiantes en Xalapa, Veracruz. Foto: Rubén Espinosa/Agencia Cuartoscuro

Así quedó la habitación donde fueron golpeados los estudiantes en Xalapa, Veracruz. Foto: Rubén Espinosa/Agencia Cuartoscuro

Junio Negro y el Cisen

Dentro del vasto operativo que el gobierno federal montó para robarse las elecciones del 7 de junio, la Dirección de Inteligencia de la Policía Federal activó a sus grupos de “anarquistas” para que llevaran a cabo una operación denominada “Junio Negro”, con el obvio propósito de infundir miedo a la población antes de los comicios. Recuérdese que desde Denise Dresser hasta las organizaciones más radicales la consigna era “anular el voto”.

La noche del lunes primero de junio, en Xalapa, estallaron unos artefactos de fabricación casera en la dirección administrativa de las guarderías de Sedesol. Cuatro noches después, la del viernes 5, ocho jóvenes fueron golpeados desalmadamente con palos y machetes por 10 individuos cubiertos con capuchas, que se retiraron después de dejar las paredes manchadas de sangre.

Una patrulla de vigilancia callejera acudió al lugar y sus tripulantes comenzaban a prestar ayuda a los jóvenes aterrorizados cuando un vehículo de la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz, es decir, de la dependencia que encabeza Arturo Bermúdez Zurita, ordenó a los uniformados que se retiraran inmediatamente.

Madre de uno de los estudiantes golpeados en Xalapa Veracruz. Foto: Rubén Espinosa/Agencia Cuartoscuro

Madre de uno de los estudiantes golpeados en Xalapa Veracruz. Foto: Rubén Espinosa/Agencia Cuartoscuro

Como ya se sabe, el fotógrafo Rubén Espinosa Becerril documentó con su cámara ese episodio y cuatro días más tarde, agobiado por las amenazas que sufría desde los sótanos donde se mueven los hombres de Bermúdez Zurita, huyó de Veracruz para refugiarse en la ciudad de México, donde sería brutalmente asesinado el 31 de julio.

Ninguno de estos antecedentes ha sido tomado en cuenta por el procurador del Distrito Federal, Rodolfo Ríos Garza, quien la mañana del domingo dijo a Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso, a Pedro Valtierra, director de Cuartoscuro y a Daniela Pastrana, directora de Rompeviento, que la presencia de una colombiana entre las víctimas “no nos gusta”, insinuando que el multihomicidio podría tener relación con el narcotráfico.

El lunes, fuentes de la PGJDF filtraron que “pierde fuerza la línea de investigación sobre el ejercicio periodístico de Espinosa Becerril, ya que según información proporcionada por los mismos familiares, el joven se encontraba desempleado” (La Jornada, 4/08/2015). ¿Esos familiares no dijeron que había perdido su empleo en Proceso y Cuartoscuro debido a las amenazas de muerte que finalmente le cumplieron?

Pero quién sabe. A la mejor Rodolfo Ríos tiene boca de profeta y si investiga a Duarte de Ochoa descubrirá que el narcotráfico intervino efectivamente en el multihomicidio, ya que todo apunta a los funcionarios que desde el sexenio de Felipe Calderón y Fidel Herrera Beltrán auspiciaron el auge del cártel de Los Zetas en Veracruz.