Tabasco debe cobrar un impuesto de cinco dólares por cada barril que sea extraído de su suelo o de su litoral, propuso ayer lunes Andrés Manuel López Obrador durante la presentación de su nuevo libro, El poder en el trópico, ante un gentío que llenó el teatro “Esperanza Iris” de esta ciudad.

Acompañado por el historiador Carlos Ruiz Abreu y el pintor Carlos Pellicer López, sobrino del gran poeta, el dirigente de Morena recordó que, en los últimos 40 años, Tabasco ha producido 600 mil barriles diarios de petróleo “con un valor aproximado de 300 mil millones de dólares”.

¿Qué ha dejado tanta riqueza? En opinión de este cronista, contaminación. ¿Qué más? Una población diezmada por la miseria, una fábrica de pobres que no son sino ejércitos de reserva para el crimen organizado, un aumento exponencial de la delincuencia juvenil, bandas que roban los ductos de gasolina, analfabetismo funcional agudo, desolación en el campo, en una palabra, nada. O nada bueno.

En 1990, recordó Andrés Manuel, Tabasco recibía del gobierno federal una aportación anual de 95 mil millones de pesos (mmdp), en tanto la del estado de México era de 50 mmdp. Hoy, añadió, el estado de México recibe más de 200 mmdp y Tabasco 40. Pero en 1990, siguió diciendo, el hato ganadero de la entidad era de un millón y medio de reses y ahora, cuando mucho, es de medio millón.

“La ganadería tabasqueña de hoy es como de los años 50: en los pueblos, la vaca está amarrada al palo del rastro”, ejemplificó, antes de exponer que las plantaciones de coco, plátano y cacao sufren las consecuencias de la contaminación petrolera. Por todo esto, fundamentó que el gobierno federal debe aumentar su apoyo económico a Tabasco para compensar la desproporción entre la riqueza que entrega al Centro y la propina que le da a cambio.

El poder en el ttrópico

Sin mencionarlo, exhortó al gobernador perredista, Arturo Núñez, que exija del gobierno federal un trato más equitativo y, si no lo obtiene, proponga al Congreso estatal que reforme las leyes locales para que toda empresa petrolera pague a Tabasco cinco dólares por cada barril de crudo que succione de la tierra o del mar.

Con los fondos que se deriven del futuro impuesto, se debe revitalizar la agricultura, triplicar el número de cabezas de ganado, intensificar la siembra de árboles maderables y combatir los estragos de la contaminación.

“Lo ideal sería establecer sólo para el caso de la extracción de hidrocarburos un derecho ecológico; es decir, que se pague una renta a la naturaleza para su eterna conservación, considerando a los nativos y avencindados en las tierras y aguas de Tabasco, como los principales responsables y beneficiarios del desarrollo obtenido con el cuidado del medio ambiente”, detalló, no en su intervención, que duró casi una hora, sino en la página 766 de su nuevo libro.

Aludiendo por única vez al maestro de ceremonias, senador Adán Augusto López Hernández, el autor de El poder en el trópico le encargó que, después del 7 de junio, convoque a un “congreso de expertos: abogados, especialistas en derecho constitucional y fiscal, ecologistas, geólogos, ingenieros petroleros, físicos y profesionales de las ciencias sociales, para hacer de este importante asunto una gran causa ciudadana, la demanda de todo un pueblo“.

Cuatro libros en uno

Desdeñado por el oligopolio editorial que forman Penguin-RandomHouse-Grijalbo-Alfaguara y muchas empresas más, El poder en el trópico, terminado apenas en marzo, fue impreso por Planeta en coedición con la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Hacerlo en tiempo tan breve fue toda una proeza.

El poder en el trópico reúne cuatro libros: Los primeros pasos (1986), Del esplendor a la sombra (1988), que publicó originalmente la UJAT, y dos títulos nuevos, El Porfiriato y la Revolución en Tabasco y Diez Relatos de Actualidad. El tercer libro de este volumen de 824 páginas compila Neoporfirismo, hoy como ayer (2014) y lo “ambienta” (como dicen los críticos de cine) en el Tabasco de finales del XIX y principios del XX.

Luego de explicar el esqueleto de la obra, el máximo dirigente opositor del país invitó al público a empezar a leer de atrás para adelante, es decir, atendiendo primero los Diez Relatos de Actualidad, cuyo último capítulo, “Cómo reconstruir el paraíso”, contiene las bases de un nuevo programa de acción, para comenzar a ponerlo en práctica después de las elecciones y con el apoyo de los candidatos de Morena que lleguen al Poder Legislativo.

Citado a las seis pero iniciado poco antes de las siete de la noche con el teatro a reventar, el acto contó con la intervención del historiador Carlos Ruiz Abreu, quien evocó a los dos más grandes políticos tabasqueños del siglo pasado, Tomás Garrido Canabal y Carlos Madrazo Becerra, que “por ser tan tabasqueños” no triunfaron en la política nacional cuando salieron del estado y se fueron al Centro. “Ésta es la razón por la cual Andrés Manuel tampoco lo ha conseguido”, precisó.

Invitado como representante de don Carlos Pellicer Cámara, a quien AMLO trató con frecuencia cuando estudiaba en el DF y más tarde en Villahermosa, el pintor Carlos Pellicer López relató anécdotas de su tío, a través de las cuales expresó el repudio que su ilustre antepasado sentía por Carlos Madrazo.

En una ocasión, dijo, mi tío le pidio apoyo para un proyecto. Madrazo le contestó con una carta tremendista. Habló de la caída del precio internacional del plátano, de los tropiezos del cacao en el mercado nacional, eventos, exageró, que han mermado la economía de Tabasco, en virtud de lo cual, concluyó, no puedo responder favorablemente a su solicitud.

Aquella carta de Carlos Madrazo Becerra quedó entre los papeles póstumos del poeta, de cuyo archivo su sobrino es responsable. Lo más valioso del documento es el comentario que escribió Pellicer bajo la firma del temible Ciclón del Sureste: “Infeliz! Nada más le pedí 500 pesos para comprar un libro”.

La firma de libros... Foto: Jaime Avilés.

La firma de libros… Foto: Jaime Avilés.

No bien terminó el acto, la gente subió al escenario y rodeó al autor con ejemplares de El poder en el trópico abiertos en la primera plana. Fue una firma de autógrafos insólita. Sosteniendo el libro a mano alzada, los seguidores de AMLO lo obligaron a dibujar su rúbrica en una posición tan incómoda como si estuviera cambiando un foco del techo. Luego lo siguieron hasta la calle gritando como antes: “¡Obrador, Obrador!”, y algunos, “¡presi-dente, presi-dente, presi-dente!”. De pronto, un señor que se había metido al remolino de los autógrafos se dio cuenta de que le habían robado la cartera. Eran cerca de las diez de la noche. El termómetro marcaba 31 grados, o por lo menos así se sentía la temperatura del aire estancado bajo las ceibas.