Hace un año, en esta plancha del zócalo, la gente ovacionó a Andrés Manuel López Obrador con una euforia que yo jamás había visto. Ese día, los “pre-si-dente / pre-si-dente / pre-si-dente” sonaron distintos, por una simple razón: fue el primer día en que AMLO fue presidente de México. Tantos años y años y años de lucha, de esperanzas contenida y continuada, estallaron en lágrimas, gritos y euforia.

Ese día de hace exactamente un año fue de los más importante para el país. Y fue un día de esos que no se olvidan. Que se quedan en la mente. Que está siempre ahí, recordado.

Cualquier “analista político”, aquí en México o en cualquier parte del país, dirá que el ejercicio del poder “desgasta” y que es común –casi una regla– que quien comienza a gobernar con mucha popularidad, a los pocos meses perderá fuerza. Se ve como algo natural. Inevitable.

Si esto es así, ¿por qué hay tanta gente hoy en el zócalo? ¿Por qué hay gente que grita “Pre-si-dente / Pre-si-dente”? ¿Por qué la gente aguanta parada más de dos horas para escuchar un discurso de AMLO?

Asistentes a la ceremonia del Zócalo a un año de la llegada de AMLO a la Presidencia. Foto: Especial

II

Hoy el sol amaneció con ganas de ser déspota. Que yo recuerde, en noviembre, esta ciudad no solía vestirse de tantos rayos de sol tan inclementes. Hoy es brutal. Uno entra en la plancha del zócalo y el sol quema. Sí, quema.

Pese a esto, a las once de la mañana, el zócalo se mira lleno. Especialmente la parte más cercana al templete. Ahí la gente llega, y muchos se cubren con lo que traen. Con pancartas. Con mantas. Con sombreros y cachuchas. Todo es bueno para cubrirse de ese sol que hoy se despertó cruel.

Quienes no alcanzan a estar en las zonas más cercanas al templete, antes de que comience el mitin de AMLO, deciden cubrirse en los portales o en algún lugar donde existe un pedazo de sombra. Por ejemplo, 12 personas están alineadas de una forma perfecta debajo de la escasa sombra que produce un poste del zócalo. Todo cuenta con este calor que quema. Lo que sea.

Lo que impresiona es que la gente, a las doce del día, con un sol que quema, venga al zócalo de la Ciudad de México a escuchar a su Presidente. Eso impresiona porque antes, en este país, eso no sucedía. Ningún Presidente congregaba a tanta gente y de forma tan libre.

Eso no pasaba. Hoy sí.

III

Aquí ya está lleno. Se puede pasar un poco entre tanta gente, pero no mucho. Unos jóvenes recién salidos de la adolescencia tratan de llegar más cerca del centro. Andrés Manuel López Obrador ya comenzó a hablar, y en ese preciso momento dice que antes, a los jóvenes que no los admitían en las universidades les decían que los rechazaban porque no eran buenos y porque no eran aptos para la educación superior.

Cuando dice eso, uno de los jóvenes, en tono de burla, le dice a otro: “ahí te hablan güey”. Varios se ríen. Pero en ese momento, AMLO afirma que eso se está acabando, y que pronto todos los jóvenes tendrán acceso a la universidad. El joven que era objeto de burla, les responde a sus compañeros: “ya ven, cabrones, para que se callen”.

El discurso de Andrés Manuel López Obrador enumera logros. Habla de educación. De justicia. De apoyos a la gente que antes era invisible y que hoy es el eje de la administración federal.

También el mandatario deja en claro el apoyo a Evo Morales y afirma que en Bolivia se dio un golpe de Estado.

La gente aplaude. Aplaude y aplaude.

Cuando AMLO menciona un logro, los que estamos en el zócalo aplaudimos. O decimos “viva”. O mencionamos “vamos”. O sonreímos. Sí, a pesar del sol que quema y el calor brutal, la gente  grita y se emociona y echa mucha energía. Mucha.

IV

A todos los que estamos en esta plancha este sol nos pega de espalda. Sólo hay una persona a la cual le pega de frente (que es cuando se siente más brutal). Esa persona se llama Andrés Manuel López Obrador.

Es digno de mencionar: aunque hay un templete y un toldo, el podio donde está AMLO se ubica fuera de la sombra del techo. Sí, fuera. A mí me parece un mensaje muy claro: aquí el Presidente es pueblo. Aquí no hay salas para personas “muy importantes” con aire acondicionado y confort. No, aquí todos somos iguales.

Ese es el mensaje. Esa es la claridad.

Y recuerdo cuando, en una asamblea convocada por AMLO en 2006, cayó una tormenta fortísima con un frío enorme. Ese día, en lugar de que los del “templete” se metieran a donde la carpa evitaba las copiosas gotas de agua, AMLO salió con un paraguas, y como todos los que estábamos ahí, soportó la lluvia con lo que pudo.

Esos son sus mensajes: el Presidente en México ya no es el “intocable” que se la pasa de aviones privados a casas enormes. No, ahora el Presidente es gente del pueblo y todo lo que hace es para el pueblo.

V

Cuando AMLO menciona que Felipe Calderón comenzó una guerra para legitimarse, la gente comienza a gritar “asesino”, “asesino”, “asesino”. La gente aquí, en el zócalo, no quiere al ex presidente (espurio). Es clarísimo.

Y esto es así a pesar de que, en redes sociales, miles de bots quieran convencer a la gente que Calderón es la “verdadera” oposición a AMLO y el único que le puede dar “batalla”.

La gente odia a Calderón. Lo detesta. Le parece grotesco que ese señor, que le ha hecho tanto daño al país, quiera seguir haciéndole daño.

Por eso aquí le gritan “asesino”, “asesino”, “asesino”. Y sólo un poco. No mucho. AMLO continúa hablando de logros, y la gente pronto grita “vamos”, aplaude. Calderón es sólo eso: un personaje que generó odio, y que no debe regresar.

VI

Hoy fue la marcha de la gente que está en contra de AMLO. Fueron del Ángel de la Independencia al Monumento de la Revolución. Marcharon no sólo “ciudadanos”, sino que también estuvieron todas las bases del PAN y del PRD. Aunque hubo gente, para el tamaño que pretendían los organizadores, fue un fracaso.

Mientras, el zócalo se volvió a llenar. Y no sólo eso. Se volvió a llenar para apoyar no a un dirigente de oposición, sino que se volvió a llenar para apoyar a un presidente que supuestamente iba a estar “desgastado” a un año de haber asumido el poder.

Y es que, la gente siente que es parte de algo importante, de una transformación que marcará al país. Esto es algo que nunca habían sentido millones de personas y que hoy sienten. Y AMLO lo entiende, no porque quiera aprovecharse de eso, sino porque en realidad ha sido siempre su apuesta. Y lo dejó bien en claro hoy en su discurso:

“Durante mi larga vida pública y sobre todo en los momentos más difíciles, siempre he tenido un ángel de la guarda que se llama pueblo. Ustedes siempre me han apoyado y me han sacado a flote porque el pueblo es mucha pieza. Al pueblo le debo todo lo que soy, por eso los seguiré escuchando, atendiendo, sirviendo y nunca jamás lo traicionaré. Gracias por la protección y el apoyo que recibo de ustedes y de mucha, mucha gente. Yo sólo soy un dirigente. El pueblo es el gran señor, el amo, el soberano, el gobernante, el que verdaderamente manda, gobierna y transforma. No olvido y siempre recuerdo lo que decía el presidente Benito Juárez con tanta profundidad y sencillez: ‘Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada'”.

VII

El zócalo se comienza a vaciar. Comienzo a caminar. Voy rumbo a Pino Suárez. Hay vendimia. Cosas de AMLO. Muchas cosas de AMLO. La gente compra. Que el peluche de AMLO Presidente. Que el calendario de 2020 con la foto de AMLO Presidente. Que una pulsera que dice AMLO Presidente. Que el nuevo libro de AMLO. Que un llavero de AMLO Presidente.

El pueblo está aquí, y muestra no sólo apoyo a AMLO, sino evidencia que defenderá este triunfo y esta transformación con todas las fuerzas que tiene. El Zócalo lleno de gente gritando “no estás solo, no estás solo” es un mensaje a quienes intentan hacer que este gobierno descarrile. Y es un mensaje del pueblo, de defenderemos esto porque esto logramos.

La gente entiende todo, y el mensaje de hoy fue contundente: no se atrevan a hacer lo que hicieron en Bolivia.

Una señora carga en sus brazos un peluche de AMLO vestido de Presidente. Va contenta. Sonriendo. Es el pueblo cuidando a su líder.

La imagen es clara. El mensaje, contundente: no se atrevan.