Estuve escuchando de nuevo la entrevista que, en 2015, el entrañable Jaime Avilés, director de Polemón, le hizo a Andrés Manuel López Obrador. Muchas cosas me volvieron a llamar la atención, pero una de ellas se me hizo muy presente: el arduo trabajo a realizar desde el día después de ganada la elección.

Andrés Manuel ha sido uno de los hombres más discriminados en el país: que habla como tabasqueño, que es moreno, que no es de la alta sociedad, que se tardó mucho en titulares, que se come las letras, que lo que dice es absurdo, tonterías, estupideces.

Muchos “analistas” y comentadores de noticias siempre dicen, respecto a los planteamiento de AMLO, “no es posible”, “son tonterías”, “son absurdos”, “son cosas que dice porque está en campaña”. Discriminan la voz de AMLO y la veracidad de sus palabras.

Pero Andrés Manuel, lo que dice, lo dice con convicción.

En la entrevista de Jaime, AMLO dijo “cuando gané aquí como jefe de gobierno, en vez de perder el tiempo e irme al extranjero y celebrar, empecé a trabajar desde mucho antes. Entonces, cuando tomé posesión, al mes ya se estaban entregando las tarjetas para adultos mayores, porque ya teníamos hechos los censos, ya se habían hechos las visitas a las casas, y así muchas cosas. Entonces, ahora tenemos que garantizar lo mismo para ganar tiempo”.

Muchos “analistas” se han burlando de Andrés Manuel, diciendo que con trabajar mucho, no se arregla el país.

Los hechos están ahí y desmienten a esos “analistas”.

En menos de mes y medio de haber ganado la presidencia, Andrés Manuel ha logrado ya elaborar un plan de trabajo sobre muchísimos temas: disminución de la violencia, política exterior, programa de apoyo a jóvenes, programas de desarrollo regional, plan austeridad, planteamiento de modificación de leyes para rendición de cuentas, austeridad en la Supera Corte de Justicia de la Nación y un largo etcétera.

Es decir, en este casi mes y medio, Andrés Manuel está haciendo la reingeniería del país, y la está haciendo en serio.

Hay la costumbre en la clase política y en los “asesores de imagen”, que una autoridad electa, durante el tiempo que va de haber ganado la elección a la toma de posesión, debe hacer lo menos posible “para no desgastarse”.

Así lo hizo Enrique Peña Nieto, y así lo están haciendo buena parte de los gobernadores y presidentes municipales que triunfaron en el pasado proceso electoral.

Pero Andrés Manuel es distinto.

Él está ya trabajando, porque sabe que el “desgaste de imagen” es un absurdo, y porque esas nimiedades no deben jamás detener el trabajo por mejorar al país.

Andrés Manuel, en la casa de transición.

Andrés Manuel ganó para transformar a México, no para mantener una “buena imagen”. Y eso, eso lo hace bien diferente a los demás políticos.

Además, Andrés Manuel lo entiende bien: ¿cómo puede quedarse sin hacer nada en estos meses si el PRI y el PAN retrasaron (con fraudes) su presidencia doce años? Sería absurdo pensar que AMLO se detendría a descansar.

El país precisa movimiento, acciones. Y eso es lo que está haciendo AMLO.

¿Qué si con esas acciones se desgasta?

Eso no va a pasar: al final de su sexenio, AMLO será uno de los presidentes más queridos que haya tenido este país, empatado con Lázaro Cárdenas.