Por: Federico Campbell*

 A pesar de que obraban en su favor los atenuantes de “ignorancia, extrema pobreza y marginación”, 200 trabajadores empleados en Sinaloa “a cien mil pesos” diarios** en un secadero de mariguana, fueron detenidos en 1991 por haber delinquido “contra la salud”.

Muchos de los arrestados eran menores de edad y realizaban tareas de empaque, secado y deshebrado de la “maldita” hierba. Los cinco mil metros cuadrados del secadero fueron descubiertos en la sindicatura de Pericos, municipio de Mocorito, a 45 kilómetros de Culiacán, por la brecha de terracería que comunica los poblados de Rancho Viejo y Los Coyotes.

En esa comarca no es nueva la siembra de mariguana ni el cultivo de la amapola. Todo empezó cuando en el momento más álgido de la segunda Guerra Mundial –cuando los gringos se andaban matando con los japoneses en los mares y las islas del Pacífico– los gobiernos mexicano y estadunidense acordaron de manera no escrita que en Sinaloa se cultivara la materia prima de la morfina (y del opio, aquí entre nos).

Luis Astorga hace un poco de historia. “Sin distinciones morales ni jurídicas entre policías y contrabandistas”, antes de entrar en materia Astorga realiza una estupenda composición de lugar histórica sobre los antecedentes del fenómeno.

Independientemente de la postura ética personal de cada quien ante el tráfico de heroína y mariguana, piensa Astorga, no hay que ignorar los fundamentos históricos de la “leyenda negra” o el “mito” de la “cultura de la droga” en el noroeste del país. Por lo menos hay que intentar responder a los interrogantes más obvios: si el financiamiento y el saber-hacer (la técnica) vinieron de afuera y los campesinos empezaron a sembrar pequeñas parcelas, ¿cómo empiezan a destacar en el mundo del tráfico de plantas prohibidas ciertos individuos de la localidad?

¿Sembraban más que otros? ¿Era mayor su capacidad empresarial? ¿Cómo se va constituyendo una cultura serrana que integra una actitud positivia hacia el cultivo y tráfico de amapola y mariguana, un saber-hacer que se transmite de padres a hijos, una solidaridad que permite hacer frente a los representantes del Estado al tiempo que posibilita el surgimiento de empresarios de la droga, hoy famosos e inmortalizados en corridos?

Himno nacional
Los orígenes del narcotráfico en Sinaloa son tan inciertos como pueden serlo las leyendas que corren de boca en boca, de generación en generación. Herberto Sinagawa, el historiador sinaloense, afirma que los chinos llegaron a Sonora y Sinaloa huyendo de las difíciles condiciones de vida que conocieron en las minas de cobre de Santa Rosalía, Baja California Sur, explotadas por la Compagnie du Boleo desde 1885. Algunos entraron en Sonora por Guaymas y otros en Sinaloa vía Playa colorada, municipio de Angostura.

“Ellos trajeron la semilla de la amapola, la sembraron en sus huertos y el producto lo destinaron para su uso personal […] La mayoría se encerró en sus sórdidas madrigueras para satisfacer un vicio muy arraigado que se transmitía de padres a hijos en la patria lejana y pobre.”

Décadas después, el cultivo de la amapola se hizo ya con fines de comercialización ante una demanda cada vez más fuerte por la segunda Guerra Mundial (los soldados norteamericanos en Europa y en el Pacífico necesitaban grandes cantidades de morfina). Ciertos chinos asesoraron a campesinos sinaloenses pobres para la explotación en grande de la amapola. Los lugares donde se concentró su cultivo fueron las zonas serranas.

Un funcionario estadunidense, representante del Departamento del Tesoro en México, afirmó en los años cuarenta que los chinos habían empezado la producción de opio hacia 1925, pero que los mexicanos controlaban ya (en 1943) 90% de las operaciones.

opio

El desaparecido abogado badiraguatense Raúl Valenzuela Lugo, cuenta Luis Astorga, solía decir que entre 1940 y 1950 podía observarse una intensificación del cultivo de la amapola en Badiguarato, debido a la segunda Guerra Mundial y a la necesidad de los Estados Unidos de abastecerse de heroína. Atribuía la técnica para el procesamiento del opio a un chino radicado en Jesús María –municipio de Culiacán, pero en los límites con el de Badiguarato– quien después se trasladó a Santiago de los Caballeros para transmitirla a otras personas.

Un ciudadano entrevistado por Astorga en Badiguarato recuerda haber visto por primera vez una planta de amapola cuando tenía alrededor de siete años, es decir, hacia 1940. Su padre sembraba y él le ayudaba a transportar la goma de opio en botes mantequeros, que bajaban con una soga al barranco donde se rayaban los bulbos de la planta. Dice que el gobierno no es consistente en su política contra las drogas, pues en ocasiones los mismos militares proponían a los campesinos que sembraran: 50% para ellos y la otra mitad para los cultivadores. Prosiguió el simulacro del combate oficial al cultivo y luego, durante el gobierno de Toledo Corro***, los mismos militares y judiciales escoltaban los cargamentos, dice. La misma complementariedad del ejército y los sembradores de amapola se dio en Sonora en los años 1938 y 1939.

Según el profesor Humberto Valenzuela Álvarez, ex presidente municipal de Badiguarato, un tal chino Amarilla radicado en Jesús María y asociado con estadunidenses del hampa o del gobierno, encontró en el microclima de Santiago de los Caballeros la zona ideal para el cultivo. Recuerda que cuando tenía seis años (nació en 1941) en el camino entre San Javier de Abajo y Rancho Viejo “había unos plantíos de flores de colores muy bonitas; ésa fue la primera impresión que tuve de la siembra de la amapola, a la orilla del camino”.

Campo sembrado de amapolas.

Campo sembrado de amapolas.

Después supo que en aquellos tiempos hubo ciertas oportunidades: ya sea por determinada gente del gobierno, por compromisos o convenios, se permitió que se sembrara. Aunque no tiene noticia de algún convenio oficial entre México y los Estados Unidos, el hecho mismo de que en los patios y los cercos alrededor de las casas se consintiera la siembra le hace pensar que sí hubo algún arreglo.

[…] Al terminar la segunda Guerra Mundial con el bombazo sobre Hiroshima los gringos regresan a San Diego y el gobernador de Sinaloa quiere que en la sierra se queme y arrase todo lo que se había sembrado. “Qué iban a querer quemar los labriegos si habían vivido como sultanes durante los últimos cuatro años. Y qué iban a querer entender los sardos, si a ellos lo único que les interesaba era la mariguana.”

Nota de la Redacción: diversas fuentes coiniciden en que hoy, la goma de opio que se obtiene a lo largo de la costa del Pacífico mexicano, desde Guerrero hasta Sonora, es precursora de la mayor parte de la heroína que consumen los estadunidenses. El auge comenzó durante el sexenio de Felipe Calderón, al calor de la supuesta guerra “contra” las drogas, que fortaleció como nunca a los cárteles mexicanos y causó la muerte de más de cien mil personas y la desaparición forzada de un número siempre creciente y siempre desconocido.

*Escritor y periodista mexicano, nacido en Tijuana en 1941 y muerto en la ciudad de México en 2014. El fragmento aquí expuesto fue tomado de La era de la criminalidad (FCE, 2014) y corresponde al ensayo La épica de la droga (pp 542-556).

**Equivalentes a cien pesos de hoy.

***Antonio Toledo Corro fue gobernador de Sinaloa (1981-1987), cuando la entrada en vigor del modelo neoliberal, que desató la pobreza en las ciudades y la miseria en el campo, convirtió el negocio de la droga en una de las principales actividades económicas del país. Hoy, junto con la exportación de coches, es una de las dos mayores fuentes de divisas. Diversas fuentes estiman que, sólo por la heroína, en 2014 México captó 20 mil millones de dólares.