Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de la república el 1 de julio de 2018. Hoy estamos a 14 de agosto: han pasado 45 días desde esa contundente victoria y han sucedido un montón de acciones, decisiones y anuncios.

Un señor que tiene poco más de ochenta años me dijo el otro día: “oye, ese AMLO viene con todo. No descansa”. El señor, ocho décadas, pelo blanco y andar (a pesar de la edad) firme y rápido, siempre ha votado por el PAN. Siempre. El primero de julio lo hizo por Ricardo Anaya. Él no ha dejado de ser panista, pero le gusta que AMLO trabaje, le gusta que ande anunciando todos los días cosas, le gusta que ponga el ejemplo. Y lo reconoce, lo hace público: “si sigue así, mira, despegamos como país”.

¿Por qué se nota tanto lo mucho que, en 45 días de haber ganado la presidencia, ha hecho Andrés Manuel? Me hago esa pregunta todos los días. Sí, Andrés Manuel es un tipo excepcional. Sí, lo prometió. Sí, siempre ha sido así. Pero ¿por qué se nota tanto, por qué se diferencia tanto?

Yo pienso que hay una mezcla. Por un lado es su actividad: parece que no descansa. Siempre en reuniones, siempre planeando, dirigiendo y proyectando. Pero por otro lado es la imagen (bastante real, por cierto) que teníamos de las élites anquilosadas en el poder: siempre inmóviles, disfrutando la gestión de la comodidad y la riqueza propias.

Andrés Manuel (y la gente lo ve, lo mira y lo siente) está marcando diferencias claras con las anteriores administraciones. Sí, se entiende que la prensa está al pendiente de él, porque él estará siendo pronto el presidente, pero no es eso solamente. Es más. Mucho más.

Si alguien se acerca a “la casa de transición de AMLO”, ahí siempre pasa algo: que ya llegaron tales señores que van para tales puestos, que hay una manifestación de gente que quiere algo, que fueron personas para solicitar trabajo o para que se les arregle un problemita. Siempre actividad. Siempre la prensa.

Y después, Andrés Manuel.

Yo recuerdo que en 2006, cuando el plantón, a las siete pé eme, hiciera frío o estuviera lluviendo, salía Andrés Manuel a decir cómo iba la cosa. Se repartían tareas, informaba, mencionaba tal noticia, comentaba alguna cuestión importante. Y ya. Todos los días. Con la gente ahí, escuchando. Era na comunicación muy efectiva: la gente del plantón hablando con el líder.

Ahora Andrés Manuel está haciendo lo mismo. Lo hace vía las redes sociales: a eso de la una o dos, sale a hablar con la gente. Sí, enfrente están los medios, pero el destinatario es la gente, es el pueblo.

A Andrés no le incomoda que le pregunten. Se expone a cuestionamientos incómodos. Eso que hace él todos los días, la mayoría de los políticos no lo quiere hacer. Cuando hay que hablar, todo arreglado, todo bien delimitado. No preguntas. No discusión. Mejor comunicado de prensa y ya. Pero AMLO es distinto, y eso lo mira la gente. Lo ve.

Hay mucha gente que no conoce a Andrés Manuel. Lo ha escuchado, se ha tragado las mentiras que han dicho de él, pero no sabe cómo actúa. Cómo gobierna. Cómo interactúa con la población.

Mucha de esa gente lo está sabiendo ya, y está encantada.

Por eso, Andrés Manuel llegará a la presidencia con 30 millones de votos, y las simpatías de muchísima gente más que, al verlo en este periodo de “mientras tomo posesión”, ha decidido darle el beneficio de la duda, o de a tiro, hacerse fan.