Nosotros somos como los granos de quinua: si estamos solos, el viento lleva lejos. Pero si estamos unidos en un costal, nada hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer

Dolores Cacuango

 

Así como una de las tareas primordiales del gobierno es separar el poder económico del poder político, una de las tareas urgentes de los movimientos sociales es divorciar las causas justas de las agendas e intereses de los poderes fácticos.

Si partimos de la premisa de que los movimientos de reivindicación de distintas causas no surgen únicamente como elemento de protesta y de rechazo a una serie de injusticias, sino que conllevan en sí mismos una vocación transformadora, es decir, de cambio profundo de la realidad, es evidente que el tomar distancia de los fines políticos y los parámetros discursivos de quienes han defendido y legitimado por décadas el status quo, por un lado, y construir parámetros de pensamiento propio y tejer alianzas tácticas con quienes comparten su vocación reformadora, por otro, es estratégico para lograr sus fines.

Ni el feminismo ni el ecologismo o el indigenismo, por mencionar alguna de las causas más trascendentes de nuestra época, ni quienes defendemos y compartimos sus demandas, podemos cometer el error de plegarnos discursivamente y mucho menos políticamente a los márgenes del conservadurismo y sus agentes.

En lo discursivo, tal vez el terreno más susceptible a ser ocupado por la derecha por la falta de producción teórica propia del progresismo, es clave rechazar los discursos de odio, desesperanza y derrotismo que los grupos de poder quieren reinsertar en la sociedad. Abonar de manera pública o privada a esta narrativa de la tristeza, de la desilusión y del fracaso es reforzar en el fondo -a veces de manera involuntaria- la idea de que ningún cambio es posible, que todo está mal, que todo es lo mismo y que, por lo tanto, lo único que queda es la resistencia, la protesta y la renuncia a un horizonte de cambio, esto es, el ostracismo político que tanto le gusta a cierta izquierda y que el conservadurismo anhela para obtener tres conquistas clave en su proyecto de reconstrucción: 1) abrir una fisura al interior del bloque histórico que hizo posible su derrota electoral; 2) provocar un antagonismo entre gobierno y sectores específicos de la sociedad y; 3) la neutralización del potencial emancipador de las causas.

Por tanto, la construcción de un andamiaje conceptual que nos permita entender y enunciar la realidad y nuestras posturas políticas más allá del discurso de la desilusión es una tarea colectiva urgente. Necesitamos construir un pensamiento crítico que abone a la praxis revolucionaria y transformadora, aún y sobre todo en nuestro fuero interior.

En lo político es menester pintar la raya con aquellos actores que nunca han mostrado interés en las causas pero que hoy, con tal de insertar su agenda política en el seno de los movimientos, son capaces de camuflarse y comprometerse temporalmente con alguno de ellos. Aún más, es clave identificar a aquellas personas que aparentemente pertenecen a las causas pero que deben su carrera política o sus espacios de acción a grupos de poder que no solamente han negado sino reprimido históricamente sus demandas, ya sea de un partido o de otro, o se declaren independientes.

En este sentido es clave la identificación y aislamiento del oportunismo, y sobre todo la construcción de relaciones tácticas con todos los aliados posibles, incluidos los sectores mas progresistas del gobierno, la academia, la cooperación internacional y la sociedad en su conjunto.

Por otro lado, la tarea de la Cuarta Transformación no solamente es mostrar apertura y voluntad política al diálogo y a la construcción de puentes con los distintos movimientos -éste es el primer paso que hay que valorar y tomar como punto de arranque- sino emplearse a fondo en el trabajo político y teórico que permita caminar en la misma trayectoria histórica que estos sectores de la sociedad. Y cuando hablamos de Cuarta Transformación no nos referimos únicamente al Presidente de la República y su entorno cercano, sino a todo el conjunto de actores y sectores que decidimos ponerle un alto al neoliberalismo y apostar por otro modelo de sociedad.

Si el conservadurismo es capaz de insertar su agenda política y su discurso en las demandas legítimas de los movimientos es en gran parte por la ausencia de vasos comunicantes con el proceso de cambio. Es momento de hacernos cargo de llevar adelante este trabajo de articulación, de un lado y de otro, generar las iniciativas legislativas, políticas, reflexivas y formativas necesarias para fortalecer las demandas de estos sectores y explorar soluciones en común.

Juntas y juntos llegamos, juntas y juntos tenemos que permanecer. Bamboleará el viento, pero no nos hará caer.