Lo he comentado en múltiples ocasiones. Noam Chomsky siempre lo dijo. En un sistema neoliberal se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias.

Martin Luther King afirmó que existía un socialismo para ricos y libre mercado puro y duro para los pobres. El premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, dijo que al menos 20 % de las más poderosas compañías en Estados Unidos no hubiesen sobrevivido sin grandes rescates del gobierno.

Se requiere pertenecer a una casta privilegiada para acceder a este tipo de socialismo de ganar o ganar.

Claudio X González siendo millonario se autopagaba cerca de 9 millones de pesos de salario por dirigir organizaciones que él creó.

Un par de multimillonarios mexicanos, que lo más seguro es que tengan la mayoría de su fortuna en paraísos fiscales, exigen un rescate del gobierno para sus cines.

Los banqueros cobraban las comisiones más altas del mundo por sus huevos.

México era el paraíso para los socialistas ricos que nunca fueron competitivos sino simples mamadores del presupuesto.

Viene un gobierno que ha decidido voltear a ver a los pobres que viven en un sistema económico diferente. El capitalismo a ultranza.

Mientras los ricos se rasgan las vestiduras porque ahora tienen que experimentar lo que es una fila, los pobres de rostros curtidos por el sol los contemplan con indiferencia.

Son una minoría entre la minoría, ya sin peso político real fuera de unos cuantos medios que vociferan que ya somos como Venezuela.

Curioso que los mayores defensores del libre mercado sean incapaces de jugar con las reglas que ellos crearon.

El capitalismo puro y duro no funciona para nadie en México. Era solo que los ricos no tenían la menor idea de como funcionaba en realidad el neoliberalismo. Hasta el 2018, que llegó la 4T y los dejó libres a las fuerzas del mercado.

Allí ya no les gustó.

Corruptitlán, esa antigua República bananera, se disolvió hace un par de años. Quedan los viejos miembros del politburó del partido socialista de los ricos que claman por un regreso a esa República que les pertenecía. Pero al igual que su contraparte Soviética, morirán de inanición política.

Porque nadie les cree.