Algo está pasando en América Latina. En los últimos meses hemos visto movilizaciones sociales, revueltas, un Golpe de Estado, elecciones con triunfos históricos y una serie de acciones o situaciones que están propiciando cambios políticos de gran calado.

En el intento por responder qué pasa en Latinoamérica, hay quienes buscan patrones y posteriormente construyen metáforas para decir que estamos frente a giros, vueltas o movimientos pendulares. Tratan de comprender a toda la región mediante las mismas categorías. Sin embargo, estás explicaciones que quieren abarcar el mayor número de países son reduccionistas y limitadas.

Lo que sucede en América Latina debe observarse caso por caso. Y aunque a veces pareciera que las poblaciones de varios países se pusieron de acuerdo para salir a las calles, protestar y movilizarse, esto no surgió de generación espontánea.

Protesta en Chile contra el gobierno de Sebastián Piñera. Foto: Esteban Felix/AP

En Argentina, el gobierno de Mauricio Macri llevó al país a la quiebra económica; Bolivia entró en un espiral crítico a partir del desgaste del gobierno y la radicalización de la de derecha golpista; en Chile se demostró que una democracia mínima no puede ocultar la desigualdad que generó una constitución neoliberal y autoritaria, mientras que en Colombia, el Uribismo está llegando a su fin.

Frente a este escenario, un punto de partida para comprender qué está sucediendo es mediante el agotamiento del modelo neoliberal. De fondo la carencia de bienestar en su sentido más amplio y de un futuro esperanzador hace que la sociedad se movilice. Si no hay nada que conservar, no hay nada que perder en las calles. Además, las dinámicas de interacción social están cambiando gracias a las redes sociodigitales. Esto aporta sustancialmente en los procesos de movilización. Se reducen costos, se acortan distancias, se transmiten emociones y se construyen subjetividades.

En México la ola de movilizaciones y protestas no está presente. Lo que ocurrió en julio de 2018 fue un cambio social que desahogó a una sociedad que estaba a punto de colapsar. El vendaval autoritario y los escándalos de corrupción habían llegado al límite del exceso. Así que el proyecto de Andrés Manuel López Obrador logró abanderar las demandas sociales y se convirtió en la alternativa.

Aunque la oposición en nuestro país ha dicho que el Gobierno de México está en caída libre, la aprobación presidencial muestra una situación favorable para la sociedad mexicana; en el marco de una región altamente movilizada en contra de sus gobiernos o élites políticas. Es decir, la esperanza hacia el actual gobierno no responde únicamente a un anclaje simbólico o perceptivo, también existen condiciones materiales y hechos objetivos que propician un entorno de bienestar.

Hay quienes dicen que México debe voltear y ver a los países de la región para no caer en sus mismos problemas. Sin embargo, ¿Por qué no pensar que, en todo caso, son esos países los que deberían voltear y ver a México?

Esto no quiere decir que seamos un ejemplo, la violencia e inseguridad siguen siendo alarmantes. Pero, y con esto termino, al observar lo que sucede en varios países de América Latina, en México la estabilidad política y social no es menor, y esto se debe en gran medida a la alternancia política de 2018.