El PAN es un partido en decadencia. Desde 2000 y hasta el 2012 tuvo el control del país, y algo le pasó. Los panistas degeneraron rápidamente, y de enarbolar un discurso donde proponían cambiar “para bien” a México, en la práctica se corrompieron de forma rauda, se hicieron insensibles y provocaron una de las mayores catástrofes que ha vivido la nación: una guerra donde decenas miles de personas han muerto y donde decenas de miles han desaparecido.

En las elecciones presidenciales pasadas, en alianza con el PRD y MC, quedaron en un lejano segundo lugar. Por más que quieren, los del PAN no logran estructurarse ni estructurar una línea política clara: no saben si son de derechas, de centro o de izquierdas. No saben si son neoliberales o liberales, si conservadores o algo distinto. No saben cuáles son sus convicciones o si tienen alguna, si la ética les importa algo o si valen siempre más el dinero, los lujos y el poder.

A partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, los del PAN (que ya habían sido oposición con el PRI de Enrique Peña Nieto, pero que en realidad eran una oposición más de amigos que de verdadera oposición) no saben qué hacer ni cómo reaccionar. Sus banderas están desechas, porque el partido en sí está desecho.

Intentaron mediante muchas formas construir un discurso de oposición a Andrés Manuel y a Morena, pero lo que estructuraron resultó absurdo: que no queremos una dictadura, que no queremos autoritarismo, que no queremos a Nicolás Maduro…

Su nivel de análisis fue tan burdo que, en la reciente discusión sobre el presupuesto, protestaron porque AMLO no contempló una reducción a los aumentos que ellos mismo habían aprobado en legislaturas pasadas.

Es decir, el PAN, desde hace ya varios años, es una caricatura. Una verdadera caricatura, tan caricatura como su ex líder, Vicente Fox Quesada, quien es el hazme reír en las redes sociales.

Pero vino el 24 de diciembre y la muerte de la gobernadora de Puebla, Martha Érika Alonso Hidalgo, y del senador y ex gobernador de esa misma entidad, Rafael Moreno Valle.

Martha Érika Alonso Hidalgo y Rafael Moreno Valle en un acto de campaña, en el Estado de México.

Y los panistas piensan que se ganaron la lotería: le apuestan a lucrar con la muerte de dos de los suyos.

El percance que sufrió la aeronave de Moreno Valle y Alonso Hidalgo es lamentable. Hasta ahora, las investigaciones oficiales (han pasado apenas 24 horas) se han llevado en plena transparencia. Ha habido tres conferencias de prensa y se ha informado de las pesquisas. No se le puede reclamar nada a las autoridades.

Para nadie es un misterio que Rafael Moreno Valle y su esposa, Martha Érika Alonso Hidalgo eran dos políticos cuestionados, que sí, tenía poder y posiciones políticas, pero también un rechazo fuerte de amplios sectores sociales, no solamente en Puebla, sino en todo el país.

El hecho donde murieron los dos políticos, lamentable en sí mismo, ha pasado a ser usado de forma política por el PAN.

Si bien es cierto ha habido comentarios en redes sociales donde se critica a Moreno Valle y a su esposa, y donde incluso personas (con una falta de respeto enorme) han celebrado su fallecimiento, el uso político de la tragedia de forma sistemática lo ha hecho el PAN.

Y esto es así porque al panismo, que estaba destinado a ser una oposición sin bandera, sin ideales y sin convicciones, le aparece un hecho que observa como una oportunidad política. Y por eso lo están transformando (con toda falta de ética y a base de mentiras) en una bandera para golpear a Andrés Manuel.

Sí, los panistas ven la muerte de dos de sus miembros más prominentes en un posible accidente como una oportunidad política.

Un partido ético, con convicciones, que sabe que vive en un modelo democrático y que lo respeta, no actúa como lo ha hecho el PAN a raíz de la muerte de Moreno Valle y Alonso Hidalgo. Y es que, hicieron de este trágico incidente un discurso de golpeteo político.

Rafael Moreno Valle, en un acto de campaña por la candidatura del PAN a la presidencia de la República.

Los panistas han buscado convertir en mártires de un “gobierno asesino” a Moreno Valle y a Alonso Hidalgo. Es decir, transformaron la tragedia de dos personas en una bandera para dañar a un adversario. Han tratado, pues, de responsabilizar a Andrés Manuel López Obrador de la muerte de los dos poblanos.

El clímax de esto fue el abucheo que panistas le hicieron a la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, en el funeral de Moreno Valle y de Alonso Hidalgo. Le gritaron “asesina”, “fuera” y “justicia”. Evidentemente, usan la memoria de sus correligionarios recién fallecidos para golpear a un grupo político.

Eso es muy ruin, pero lo están haciendo los panistas. Lo hacen a costa de Moreno Valle y de quien fuera, por unos pocos días, gobernadora de Puebla.

Así pues, para muchos panistas, las muertes de Rafael Moreno Valle y Martha Érika Alonso no fueron una tragedia, sino que significaron sacarse la lotería. Y tan es así, que lo están demostrando: ahí están las evidencias.