Hace unos días, en el marco del aniversario luctuoso del empresario Eugenio Garza Sada, el historiador Pedro Salmerón publicó un texto como director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, en el que ensalzaba las acciones del empresario regiomontano señalando que a pesar de su riqueza era un hombre modesto y austero que rechazaba consumos ostentosos y utilizaba sus ganancias para crear más empleos y mejorar las condiciones de vida de sus obreros y empleados.

Sin duda, el prototipo del empresario con sentido humano.

Sin embargo, a pesar de los elogios, el problema se desató cuando se difundió en redes sociales que Pedro Salmerón había utilizado el adjetivo “valientes” para referirse al comando de jóvenes, de la Liga Comunista 23 de Septiembre, que en un intento de secuestro asesinó a Garza Sada. El resultado de este revuelo fue la renuncia del historiador a la dirección del INEHRM.

Líderes de la Liga 23 de Septiembre encarcelados por el régimen del PRI. Foto: Especial

Este caso nos permite observar que existe una disputa por el uso e interpretación de la historia y que hay ciertos episodios que no se quieren revalorizar. Por ejemplo, la participación de las guerrillas en los años sesenta y setenta.

Esto sucede porque en la historia nacional que contó el régimen posrevolucionario, las guerrillas evidenciaban que el desarrollo, la justicia y la libertad de expresión no eran para todos.

Quienes se oponen a que se abra la historia pretenden mantener el status quo pues éste se debe a los mitos y relatos que históricamente se han construido. Es decir, a ningún empresario le gustaría que se dijera que la iniciativa privada, al menos en Latinoamérica, ha financiado a grupos contrainsurgentes, golpes de Estado y a grupos políticos para desestabilizar gobiernos democráticos; pues perderían legitimidad como actores con dimensión social.

Golpe de Estado a Salvador Allende por parte de la derecha chilena. Foto: Especial

Pero no sólo eso, la disputa que existe por interpretar ciertos hechos del pasado muestran que la historia sigue viva y hay heridas que no han cerrado. Es decir, por un lado, es humanamente entendible que el gremio de empresarios siga indignado por el asesinato de uno de sus iconos y, por otro lado, que un sector de la izquierda considere que quienes lucharon desde la clandestinidad por un país más justo han sido estigmatizados y agraviados.

Hay también grupos de interés ligados a la derecha que no quieren que se revalorice la historia de la izquierda pues ésta nos ayudaría a comprender parte del proceso democrático que derivó en el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Lo cual, abonaría a la narrativa que sitúa el proyecto político del Presidente como parte de una Cuarta Transformación histórica.

Martha Camacho Loaiza, sobreviviente de la “Guerra Sucia” recibió una disculpa pública por parte de la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y el Subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas. Foto: Francisco Estrada/Notimex

Además, como en el ambiente político hay cierto temor de que el gobierno lopezobradorista se radicalice, se piensa que la reinterpretación de la historia de la Liga Comunista 23 de Septiembre fortalecería dicha sospecha.

Sin embargo, y con esto concluyo, en nuestra sociedad los valores conservadores son el marco ideológico dominante. Por eso Pedro Salmerón tuvo que renunciar y por eso, la revalorización de la guerrilla es políticamente incorrecta e injustificable para gran parte de la población.