Como compartieron nuestros amigos del medio digital Regeneración, el pasado 21 de mayo en la comunidad de Tepojaco, enclavada en la ciudad de Tizayuca, Hidalgo, se desarrolló una situación peligrosa para la división del poder político y las iglesias, que se supondría tendrían que desarrollarse en plena laicidad, herencia de la guerra de reforma y pilar fundamental de nuestro Estado.

Fraudulentamente, autoridades eclesiásticas y regidores del cabildo municipal (algunos de ellos incluso supuestamente ligados al proyecto re Movimiento Regeneración Nacional), acudieron a un evento público donde se colocaría la primera piedra de un cementerio que gestiona y patrocina sin temor a transgredir el Estado laico el sacerdote José Osvaldo Martínez Roldán. El cementerio, por cierto, no cuenta con los permisos adecuados.

No conforme con asumir que hacía esas gestiones a través de la asociación prestanombres del sacerdote, “Transformando Tepojaco A.C.”, en el evento también se apersonaron Ernesto González (suscribiente del Partido del Trabajo aunque guarda una agenda ligada al conservadurismo), la regidora Erlene ligada al Partido Revolucionario Institucional, y las regidoras Quintila, Mayra y Ariadna, quienes llegaron por el voto popular por Morena, pero ahora sospechosamente votan en bloque junto con la oposición que busca desesperadamente descalificar al gobierno municipal y sobre todo afectar a la ciudadanía.

Ante un nutrido público el sacerdote José Osvaldo Martínez Ríos, de la parroquia Santa María Guadalupe de la comunidad de Tepojaco, retó al Estado laico. Sin temor al escarnio de la ciudadanía, a la vulneración del Estado laico y en pleno siglo XXI, en un espacio abierto, el sacerdote le preguntó al público “¿por qué el padre se involucra a veces en estos temas que no le corresponden?” y se respondió a sí mismo: “todo es de dios y donde esté dios ahí tenemos que trabajar con todo el corazón”.

Las iglesias y la política han sido temas que desde hace bastante tiempo quedaron definidos por el curso de la historia de nuestro país. En 1857 como producto de la disputa entre liberales y conservadores se promulgó la “Ley para el Establecimiento y Uso de los Cementerios”, un respaldo para que en las Leyes de Reforma de 1859 el servicio de panteones fuera secularizado “cesando la intervención clerical en los cementeros y camposantos”. En estas importantes reformas que empujarían el principio histórico del laicismo también se prohibiría enterrar cadáveres en templos y la inhumación sin autoridad escrita de las autoridades civiles.

En esta mescolanza entre política y religión que ha procurado el sacerdote Osvaldo Martínez en Tizayuca y que pretende dividir a la sociedad buscando chivos expiatorios, no se trata de atacar la fe, ni las creencias. Ya lo dijera en el siglo XIX el magnífico intelectual Ignacio Ramírez Altamirano, furibundo liberal: “No se hace la guerra a la fe sino a los abusos del clero. Nuestro deber como mexicanos no es destruir el principio religioso sino los vicios o abusos de la Iglesia para que, emancipada la sociedad, camine.”

El sacerdote gusta de usar dentro de sus discursos religiosos la figura de la compasión y el compromiso, el beneficio sobre los más necesitados y otras figuras que algunas órdenes católicas respetan y ejecutan en su quehacer. Sin embargo, se rumora en la ciudad que gusta de hacer opulentos y elegantes comilonas patrocinadas de su bolsillo (¿o del de los feligreses?) y que entre otras cosas el Club de Fútbol Pachuca gusta de pasearle por el mundo en disputas deportivas. Es irónico verle al sacerdote decir hasta las lágrimas que no busca beneficiarse con dinero de la construcción del cementerio que busca gestionar, y 15 minutos antes en el mismo evento hablar de un trabajo “comunitario” que representa 14 millones de pesos y de 15 años de “trabajo” rodeados de construcciones, obras y terrenos que representan 150 millones de pesos en inversiones, de los cuales se adjudica parte de esa inversión.

Dijo en el evento:

“¿Por qué el padre se involucra? Por qué él ha invertido mucho dinero en el pueblo, porque he gestionado mucho dinero para este pueblo y no voy a detenerme porque digan -voy a mantener un margen realmente con la Iglesia-, la iglesia ha sido protagonista en el desarrollo de muchos países y muchos continentes”.

Y remató su discurso comentando:

“si nos unimos como hermanos, nadie será capaz de detenernos (…) No somos de izquierda, ni de derecha, somos de dios”.

Recordemos que la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público en su artículo 21 consigna lo siguiente:

Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos (…)

El artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es claro:

“Es un principio histórico la separación entre el Estado y las iglesias y están sujetos a la ley.”

“Los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna ni tampoco podrán oponerse a las leyes del país o instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios.”

Esperamos que más pronto que tarde las autoridades competentes tomen las disposiciones legales adecuadas y que en Tizayuca, nosotros podamos tener un clero sincero y justo con su feligresía, no un sacerdote que usa la sotana para hacer política y vulnera abiertamente la separación entre iglesias y Estado que rige nuestra vida en comunidad.