Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

21 de mayo de 2018. La revista Proceso de esta semana está casi agotada en toda Guadalajara. Y es que la portada lo amerita: “Los turbios ingresos de Anaya”. Voy a un puesto de revistas: no. Otro puesto de revistas: no. Uno más: no. ¿Dónde la compro? Decido ir Sanborns que está en la avenida Vallarta: ahí hay solamente unos poquitos ejemplares. Tengo suerte.

Son como las cinco de la tarde. Me toca el alto en la calle Pedro Moreno en su cruce con Chapultepec. Ya pronto me estoy yendo al mitin de Andrés Manuel López Obrador, que será a eso de las siete en Tonalá. De repente, unos ruidos ¿Qué es? Se escuchan muy cerca. ¿Qué es? Pum pum pum pum pum pum pum pum. ¿Serán balazos?. No…, es muy improbable que en una de las zonas más congestionadas y con más gente de todo Jalisco haya una balacera.

Pero, ese ruido…, ¿qué es?

El alto cambia a semáforo en verde. Nadie se mueve. Comienzo a mirar a mi alrededor: la gente está como consternada. De repente veo a alguien corriendo. Muchos se miran y no saben qué hacer. Los ruidos se han apagado, pero han dejado desconcierto.

El auto de adelante avanza. Yo también. Doy la vuelta a la derecha, y veo que hay a la izquierda un camión del transporte público atorado en plena avenida Chapultepec. Acá sucedió algo: ese ruido, me digo, pareció realmente surgido de unos balazos.

Miro enfrente y un auto va en sentido contrario: quiere alejarse de donde está el camión. No cabe duda: los ruidos fueron balazos.

La gente en las calles y el desconcierto: unos tratan, como si se les fuera la vida en ello, de entrar a los establecimientos de cafés y restaurantes y bares que hay en la zona.

Son las cinco y diez en la ciudad de Guadalajara.

Lugar en que ocurrió el atentado contra el ex fiscal de Jalisco, Luis Carlos Gutiérrez Nájera. Foto: Cuartoscuro

II

Tonalá es uno de los municipios que conforman la Zona Metropolitana de Guadalajara y tiene la característica de ser uno de los más priístas de todo Jalisco.

Hay mitin de Andrés Manuel, y se nota. La gente está esperando a que llegue el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. Yo tengo ganas de repetir lo que hice el sábado: hacer una transmisión en vivo de su llegada.

Noto que no soy el único que espera. Conforme pasan los minutos, la gente va acercándose a donde se supone que arribará Andrés Manuel. Las conversaciones que se suscitan ahí son espectaculares: “yo le hice un dije que dice AMLO y uno que dice 43, y tengo una carta. Espero ahora sí entregársela. En Tlajo de tanta gente pues no pude”; “yo pasaba por aquí y que me dicen que viene Andrés Manuel y pues quiero saludarlo”; “mira, mira, ella es mi mamá, y me la traje para que viera a nuestro próximo presidente”, “estoy ahorita en prácticas para un equipo de fútbol, ojalá entre. Hoy no entreno, y pues aproveché para ver al señor Andrés Manuel”; “Yo soy cantante, y quiero entregarle un disco a AMLO”.

Todos tienen sus historias de por qué están ahí, en la calle, esperando a que llegue Andrés Manuel López Obrador.

Nos dicen que hagamos una valla humana: “A ver, por favor, una valla por favor / así o más grande / no, no, no, más ancha / por favor, háganse para allá, una valla humana / oye, pero no te pongas enfrente de mi porque no voy a ver nada / más ancha, por favor / pero es que si me muevo no lo voy a ver bien / pero es que si no se mueve no pasa / por favor, una valla”.

AMLO recibido por los niños en Tonalá. Foto: Especial

Y es que todos quieren saludar a Andrés Manuel, sacarse fotos, tocarlo o que les diga algo. Desde el más humilde señor que está ahí porque piensa que AMLO es lo único que le queda a este país para sobrevivir, hasta políticos experimentados que hacen guardia para recibirlo y para que los vean que están muy activos haciendo mucho.

Yo solamente quiero transmitir los gritos en video del clásico: “presidente / presidente / presidente” o la algarabía, la alegría o el difícil camino de empujones que es la llegada de AMLO a cualquier mitin. Quiero que quede constancia que esto que está pasando es un fenómeno social que pocas veces se ha visto en este país.

Llega Andrés Manuel y ahí está la marea humana: “presidente, por acá / por favor, presidente / es uno honor estar con Obrador / vamos a ganar / por acá, Andrés, por acá / lo quiero mucho / no nos falle / acá en Tonalá estamos con usted / es lo mejor que le pudo haber pasado a nuestro país / por acá, por acá, para la cámara…” Tantas expresiones y muestras de afecto tan fuertes y en tan poco tiempo.

III

Dos señoras de cabello blanco y habla pausada están sentadas en una banca. Todavía no habla Andrés Manuel, lo están haciendo candidatos a diputados y senadores. Pero ellas, las señoras, están discutiendo algo de gran importancia y parecería que todo lo que se dice a su alrededor es inexistente:

—¿Y viste ayer el debate?

—Claro, lo vi.

—¿Y cómo se te hizo?

—Pues estuvo mejor, porque no se quedó callado.

—Sí, es que lo atacan mucho todos.

—Todos…

—Pero me gustó que le hubiera dicho Canallín.

—Es que ese Anaya es un ratero y un canalla.

Hay un sitio de taxis ahí, en el mero centro de la ciudad. Uno de los choferes está concentrado escuchando a Andrés Manuel. Pone una atención enorme. De repente alguien le chifla: “eh, te salió chamba güey”. Una señora que labora en alguna oficina gubernamental requiere un taxi. Al taxista que escuchaba con atención a Andrés Manuel se le descompone un poco el rostro, pero lo trata de poner sonriente de forma casi inmediata. Pues vamos. La señora se sube. Y él, antes de hacerlo, le dice a quien le chifló: “Me cuentas lo que dice, eh”.

AMLO en Tonalá, Jalisco. Foto: Especial

IV

Hace como dos meses, en el portal Nación321, difundieron una encuesta donde mencionaban que el “voto millennial” sería para Andrés Manuel. Y aquí, en este mitin, hay muchos jóvenes. Muchos adolescentes. Y lo más extraño: hay muchos jóvenes y muchos adolescentes que le están poniendo una brutal atención a lo que está diciendo Andrés Manuel.

Miro a dos chicos recién salidos de la adolescencia, bien abrazados, como saliéndoseles corazones, mirando a Andrés Manuel. Miro a adolescentes todavía con uniforme de escuelas, que sacan fotos y cuando miran la imagen que captaron, comentan a sus amigos: “mira, ésta está bien chida”; miro a grupos de jóvenes que van juntos a escuchar lo que dice Andrés Manuel, y que comentan cosas entre ellos cuando AMLO dice algo de la corrupción o de los jóvenes. Miro la energía de esos jóvenes, que es una energía distinta a la energía de los demás.

Y miro a un chico de como veinte años. Pelo largo súper chino. Está encantado con lo que dice Andrés Manuel. Digamos que emocionado. Va solo: nadie más lo acompaña. A veces graba y a veces guarda su celular. Y cuando AMLO dice algo que le agrada, empuña su mano y solamente deja el pulgar estirado. También aplaude y de vez en cuando grita con fuerza algo para mostrar su afecto por Andrés Manuel. Su juventud y su pelo tan largo y tan chino, su emoción y sus ganas de escuchar a AMLO me hacen recordarme hace unos años. Digamos que al verlo pienso en mí hace doce años, con el pelo chino y largo, emocionado, dando todo para que Andrés Manuel ganara la presidencia.

Sonrío.

Simpatizante de AMLO en el mitin de Tonalá. Foto: Jorge Gómez Naredo

V

Hay cosas muy raras en un mitin de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, a un joven de cómo cuarenta años que va vestido con un impecable traje de charro. Estaba cuando recibieron a Andrés Manuel, y ahora escucha lo que dice. De repente saca su celular para tomar una o dos fotos.

Cuando estaba esperando a AMLO, llevaba su sombrero enorme. Hermoso. Negro con bordados color plata. Ahí estaba él, entre empujones y sudor de la gente, vestido impecablemente con su traje de charro, emocionado. Y aquí está él, escuchando atentamente a Andrés Manuel, vestido con su traje de charro, emocionado. Eso sí, ha guardado ya su sombrero y lo sostiene entre sus pies. Eso sí, con una funda, para que no se le maltrate.

Un hombre vestido de charro en el mitin de AMLO en Tonalá. Foto: Jorge Gómez Naredo

Hay cosas muy raras en un mitin de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, a un señor que, para grabar mejor algo de lo que diga Andrés Manuel, se sube a una rama de un árbol. La rama es delgadita, y él, el señor, no tanto. Yo, a simple vista, pienso que la rama no lo aguantará y que caería encima de las personas que están abajo. Pero él se siente muy seguro, y ahí está, subido en una rama, escuchando a Andrés Manuel.

Hay cosas muy raras en un mitin de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, a una señora muy grande, con la piel muy arrugada, que está sentada en una banca y escucha. Y su hijo, ya cincuentón, que le dice: “má, ámonos ya, se nos va a hacer tarde”. Y ella, muy con su rostro arrugado y sus canas blanquísimas, le contesta con una fuerza digna de los cientos de adolescentes que hay también ahí en el mitin: “yo no me voy hasta que no acabe de hablar nuestro próximo presidente”.

Hay cosas muy raras en un mitin de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, que una familia completa, un niño, un adolescente, una mamá y un papá, se suben a una banca, y comienzan a aplaudir a cada palabra de Andrés Manuel. Y cuando dice algo AMLO sobre acabar con la corrupción, todos en la familia se abrazan. Y cuando AMLO dice que dará empleo a los jóvenes, todos en la familia se abrazan. Y cuando AMLO dice que terminará con las pensiones de los expresidentes, todos en la familia se abrazan.

Sí, todo eso uno se puede encontrar en los mítines de AMLO.

AMLO en Tonalá, Jalisco. Foto: Especial

VI

El mitin fue largo. Ya es noche. Sigue el regreso a Guadalajara.

Hay decenas de mensajes en mi teléfono: un narcobloqueo por allá, otro más allá y uno más cerca de acá.

La balacera que escuché en Chapultepec, me entero, había sido para asesinar al ex fiscal de Jalisco y hoy secretario del trabajo de la entidad, Luis Carlos Nájera Gutiérrez. No lo mataron, pero le hirieron la mano. Hubo varias personas lesionadas.

Nájera, según muchos rumores, siempre ha estado involucrado con el crimen organizado. Siempre han dicho de él eso. Nunca nada se ha comprobado.

Regreso: miro que hay autos medio parados, y pienso que es un narcobloqueo. Pasan como bólidos patrullas del municipio de Guadalajara y del gobierno del Estado. Hay poca gente en la calle: huele a miedo.

Yo ya no quiero vivir así, con este no estar seguro, con esta violencia cotidiana. A este país hay que arreglarlo y pronto. Pienso que la gente que acudió hoy a ver a Andrés Manuel, los adolescentes, los jóvenes, los adultos, los ancianos, todos desean no seguir viviendo así, con miedo, con inseguridad, con pobreza y con inequidad.

Por eso fueron con Andrés Manuel, por eso se emocionaron, por eso pusieron atención y por eso van a votar él.