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Polemon | 26 abril, 2017

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¡Pásele qué va a llevar seño, todo barato!

¡Pásele qué va a llevar seño, todo barato!

Por:  Irma Cecilia Medina Villalobos 

El barrio donde vivo se llama Polanco, que está al sur de la ciudad de Guadalajara. Aquí la mayoría de las personas no conocemos las calles por su nombre, pues sólo las ubicamos por el número: de la avenida Ocho de Julio hasta la de Colón se enumeran las calles de dos en dos. La calle 7 atraviesa toda la colonia, es la zona con más comercio del barrio, ahí se encuentra el mercado, que tiene más de cuarenta años abierto. Cuando apenitas aclara el alba comienzan a llegar los comerciantes del mercado, ya para eso de las siete de la mañana todos los locales están abiertos para empezar la vendimia.

Recuerdo ir al mercado desde que era una niña, en ese entonces me parecía enorme, siempre había mucha gente y se escuchaba mucho ruido, una sinfonía de voces y gritos interminables que decían: pásele…pásele qué va a llevar seño, todo barato.

La mayoría de las veces me llevaba mi abuelo al mercado después de recogerme de la escuela, al entrar, me compraba un tejuino con don Pepe y después íbamos con don José, un buen amigo de mi abuelo, quien tenía un puesto de semillas y cereales. Así es cómo conozco desde hace muchos años a don José: cuando voy a comprarle. él siempre me llama Margarita, que es el nombre de mi mamá. A él le compramos los frijoles, la azúcar, el chile nopalero y de árbol, arroz, ajos, pimienta, clavos, laurel, las hojas para los tamales y la jamaica. En fin todo, lo necesario para hacer la comida.

La vida cotidiana en el Mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Villalobos Medina

La vida cotidiana en el Mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Villalobos Medina

Esta vez fui al puesto de don José para hacerle una entrevista, pues me entró la curiosidad por conocer la historia del mercado. Era una nublada y fría mañana de sábado, toda la noche llovió así que el sol no se había despertado. Pero las condiciones del clima no impidieron que la rítmica actividad de vendimia del mercado se detuviera y ya estaban todos los puestos listos para recibir a los mercantes.

Don José tiene 65 años, es de piel morena y ojos cafés, ya tiene el cabello y el bigote cano. En su puesto trabajan su hermano Don Arturo y su hijo José Luis. Cuando llegué estaban sentados en unas cajas de madera pelando ajos y los echaban en un chiquihuite mientras escuchaban a un conjunto norteño que armonizaba en vivo el ambiente del mercado. Le pregunté que si tenía tiempo de darme una entrevista y él me contesto: “Pos si mija, las que usted guste, a ver qué me va a preguntar”.

Debo confesar que estaba algo nerviosa, aunque ya había hecho muchas entrevistas siempre al inicio de una tengo emociones indescriptibles en la panza. Prendí mi grabadora, la puse junto a don José, a lado de un costal de azúcar y empezamos la entrevista.

José Asunción Figueroa Barragán es su nombre completo, en 1969 migró junto con toda su familia a Guadalajara desde Amacueca, Jalisco. Llegaron a vivir a la colonia Polanco y pronto comenzaron con la vendimia de fruta y verdura. Según recuerda don José, el barrio en los sesenta era: Polanco… Polanco estaba sin mercado, de la 30 a la 36 eran el mercado que estaba por la calle por la banqueta. Polanco tenía muchos terrenos baldíos, la de Colón era terracería, 8 de julio terracería. Así era Polanco, casi no había carros, uno que otro. Las calles… la siete ya estaba empedrada, las demás con tierra.

Don José en su local dentro del mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Medina Villalobos

Don José en su local dentro del mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Medina Villalobos

Toda su vida se ha dedicado al comercio, sus padres lo enseñaron: Mi papá no sabía letra pero tenía pensamiento. Él desde que estábamos en el pueblo se dedicaba al comercio, venia acá a las 9 esquinas a vender la pitaya, ya desde ese entonces se iba por todas las rancherías en burro a vender. O sea éramos campesinos pero a él siempre le gustó eso del comercio, ya una vez quiso venir a poner un negocito acá a Guadalajara y pos ya fue cuando nos venimos todos pa´ acá.

Don José me contó que el mercado se inauguró en 1972 y a todos los vendedores que estaban en la calle los reubicaron. Antes de que se construyera el mercado había 30 puestos de adobe. Toda la familia de don José trabajaba en el puesto, sus padres y sus hermanos vendían al principio fruta y verdura: De la 30 a la 36, por una acera, había puestos de adobe y por la otra puestos provisionales hechos de lámina. Nosotros al principio teníamos uno provisional, ya después mi padre le compró al señor de en frente uno de adobe. No… antes no se pagaba permiso, pagábamos el boletaje haga de cuenta como ahorita pagan los del tianguis.

El Mercado de polanco. Foto: Irma Cecilia Medina Villalobos

El Mercado de polanco. Foto: Irma Cecilia Medina Villalobos

Durante los setentas y ochentas el mercado Polanco era el único en toda la zona sur, abastecía a más de cinco colonias aledañas: Pos déjeme decirle que ya no está la venta como en aquel tiempo…uh antes estaba buenísima, como este mercado era el único en toda zona pos aquí venían a comprar todos los de la Villa Guerrero, los de Polanquito, la Echeverría y hasta los de la 18 de marzo, toda esa gente aquí venían a ser su mandado, pero ya con todas la nuevas tiendas pos se ha ido pa´ a bajo, ya no es lo mismo. Antes desde que abríamos hasta que cerrábamos era de puro vender, todo el día llegaba gente…uh ahorita ya uno que otro.

Dice mi mamá que por ahí de los noventas comenzaron a construir grandes tiendas modernas en el barrio, que de poco a poco fueron afectado el comercio local. En estos últimos tiempos la calle 7 de Polanco es muy comercial, hay de todo, las familias que habitamos la zona poco tenemos que ir al centro de la ciudad pues aquí lo encontramos todo: Antes la única tienda que había aquí en Polanco era la de Rubén Barrajas. Se llamaba La Quemazón, pero ahí nomás vendían ropa, zapatos, mochilas…cosas así pues, n’ombre pero ahorita ya hay de todo hasta el Aurrera que ese sí nos vino a chingar. A sus órdenes qué va a llevar… ¿tamarindo? Si como no, cuánto le doy. En esos momentos de la entrevista le comenzaron a llegar clientes a don José y tuvimos que parar con la preguntadera. Me despedía amenazando con volver.

Puesto de Don José en el Mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Villalobos Medina

Puesto de Don José en el Mercado de Polanco. Foto: Irma Cecilia Villalobos Medina

A pesar de todos los cambios que el barrio ha tenido por las empresas, el mercado sigue con mucha actividad, todos los locales están abiertos, en él puedes encontrar todo lo necesario para reproducir la vida en el barrio. Desde tempranito a las siete de la mañana ya están sus puertas abiertas. A esa hora puedes oler el menudo de doña Aurora, también esta doña Mago con su puesto de pan dulce, a don Humberto con el cazo prendido haciendo las carnitas y chicharrones, a la señora de las flores haciendo los arreglos más bonitos, a don Toño abriendo su legendaria tienda de abarrotes: todos listos para ganarse la vida.

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