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Polemon | 21 septiembre, 2017

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Historia del pito de Mancera y otras ocurrencias |DESFILADERO

Historia del pito de Mancera y otras ocurrencias |DESFILADERO

Por: Jaime Avilés (@Desfiladero132)

01 de junio 2016.- Había una vez un rey que le preguntó a su hija: “¿Cuánto me quieres, Aurorina?”. La hija respondió: “Te quiero como a una pizca de sal”. Indignado por una comparación que le resultaba insultante, el monarca la expulsó del reino. Aurorina, previsora, le dio instrucciones al chef: “Cardini, por nada del mundo le eches sal a la comida de mi papá”. Al tercer día de sufrir tamaña carencia, el rey, nada tonto tampoco, entendió el mensaje y supo cuán grande era el amor que le profesaba su princesa.

La primera disposición de Miguel Ángel Mancera como regente golpista del DF fue ordenar que en todos los comederos capitalinos dejaran de poner saleros sobre las mesas. Debió de haber creído que era un detallazo de su parte. ¡Cuántos infartos voy a evitar, oh sí!, habrá pensando, olvidando que los mexicanos le echamos sal (y limón) a casi todos. Incluso a los oportunistas despóticos.

Un estudio realizado por el equipo de Polemón descubrió que, a partir del saleroso bando de Mancera, cada mesero chilango —durante sus extenuantes 12 o 14 horas de cada día en que cobra salario mínimo y comparte propinas— tiene que caminar mensualmente 49 kilómetros más que antes del infausto 5 de diciembre de 2012, fecha cuando Mancera nos robó el poder que le dimos los ciudadanos.

Los saleros fueron retirados de los restaurantes de la Ciudad de México por una ocurrencia de Mancera.

Los saleros fueron retirados de los restaurantes de la Ciudad de México por una ocurrencia de Mancera.

Al gasto físico provocado por la exigencia de los comensales, que los obligan a ir por el salero en cuanto se sientan a restaurarse, los meseros perjudicados por la veleidad de Mancera deben sumar el desgaste de los zapatos, que se acaban mucho más rápido y deben ser sustituidos a costa del bolsillo del trabajador, sin que Mancera les compense las pérdidas económicas que, en consecuencia, reducen la capacidad adquisitiva del gremio, debilitan el mercado interno de la ciudad, desalientan a los proveedores, auspician el desempleo, promueven la inseguridad laboral y pública, engrosan las filas del ejército industrial de reserva de la delincuencia y elevan el número de habitantes de las prisiones, dejando en todo caso beneficios marginales para la industria del calzado, con todo y zapateros remendones incluidos en el rubro.

La segunda originalidad de Mancera fue más perceptible. Encargó a Televisa una campaña a favor de la lactancia materna, y tapizó los muros de la urbe con fotografías de actrices que ostentaban (pero nomás de ladito) picudas glándulas mamarias rellenas de productos químicos, que nos remitieron a la época en que Raúl Salinas de Gortari compró leche en polvo de Chernobyl para la Conasupo.

Un meme compartido en redes sociales sobre la campaña de Mancera sobre leche materna.

Un meme compartido en redes sociales sobre la campaña de Mancera sobre leche materna.

Como usuario cotidiano del servicio advertí, desde los primeros días del Mancerato, que los andenes de las estaciones de Metro se llenaban de policías cuya función aparente era saludar, soplando como árbitros llaneros, el arribo de cada convoy, para darle la bienvenida y despedirlo, un minuto después, con el mismo alevoso entusiasmo. Algunas veces me encabrité, al sentirme lastimado en los tímpanos, por el agudo silbido de un representante de la ley y el orden a centímetros de mi oreja.

Una tarde llevé a cabo una investigación de campo, que consistió en preguntar a varios uniformados por qué pitaban cuando llegaban y se iban los trenes. Su respuesta fue la misma: tenemos órdenes de hacerlo porque cuando se abren o se cierran las puertas de los vagones es cuando más se producen los “tocamientos”. Atónito volví a preguntarles: ¿y de qué sirve que chiflen?. La nueva respuesta fue todavía más incomprensible: Para que sientan la presencia de la autoridad.

No entrecomillo declaraciones anónimas porque eso no les agregaría valor periodístico. Tampoco lo siento necesario pues millones y millones que viajamos en Metro lo presenciamos día tras día. O más bien lo presenciábamos, toda vez que desde la semana pasada el regente decidió poner un silbato de plástico (fabricado en Inglaterra) en manos de las mujeres del Metro a fin de que se protejan, silbando, ellas solas, en medio del hacinamiento.

Mancera utilizando el silbato que propone para evitar el acoso a las mujeres.

Mancera utilizando el silbato que propone para evitar el acoso a las mujeres.

Sospecho que así como se acercan las elecciones constituyentes del acta de capitulación del DF ante el Estado de México, la masa de policías chifladores en el Metro se redujo porque los silbantes fueron transferidos a la superficie del asfalto para aumentar la presencia, agobiante, de uniformados que se multiplican en todas las calles y todas las esquinas, ya como batallones de granaderos antidisturbios, patrullas que desfilan en caravanas intimidatorias, grúas que se apoderan del máximo número posible de autos, gavillas de autómatas que colocan arañas a diestra y siniestra para trabar las ruedas, por no hablar de fotomultas que disparan como los soldados del Chapo ni de los 75 mil elementos de la Policía Judicial que ambulan vestidos como civiles.

Nos constan ejemplos como los siguientes. Un taxi se estaciona junto a la banqueta, el chofer se apea, abre la cajuela, saca una silla de ruedas y la estira para que la use su cliente, pero no puede evitar que, entre tanto, Mancera le ponga la araña, por la que deberá pagar una multa cuyo valor es más alto que todo el dinero que ha ganado en el día. Y que lo hará perder horas, y más dinero, en lo que su patrón viene a pagar el rescate.

Otro caso. La Cruz Roja acude a levantar a un herido, los paramédicos bajan la camilla y cuando se dan cuenta, una grúa de Mancera ya enganchó la ambulancia para llevarla al corralón, importándole un carajo si la persona lesionada o enferma se muere. ¿Que una empresa derrama 300 mil litros de pesticidas en las venas del agua potable de un barrio de Coyoacán y la gente no es atendida y protesta? Mancera la aplasta a garrotazos.

Granaderos en la Ciudad de México.

Granaderos en la Ciudad de México.

Un agudo observador extranjero notó algo que por ser tan rutinario no vemos. Mancera ha militarizado el DF como si se estuviese preparando para contener una insurrección popular. Pero sus gorilas son escandalosamente panzones, traen las rodilleras grotescamente amarradas, no dan la impresión de ser mínimamente profesionales.

¿Cómo podrían serlo, respondí, si están al servicio de un improvisado sin escrúpulos, que abusa de su cargo para robar, robar, robar, robar y robar, sabiendo que mientras más dinero acumule mejores oportunidades tendrá de comprar la Presidencia de la República?

Por fortuna, como suele decirse, a toda capillita le llega su fiestecita. La del regente Mancera llegará este domingo. Si logramos barrerlo en las elecciones constituyentes, deberá irse. De ningún modo puede ser el Venustiano Carranza de Televisa y Peña Nieto el Pan y los Chuchos, para expedirnos una “constitución” vejatoria que nosotros, nosotras, nuestra ciudad no merece.

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