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Polemon | 13 diciembre, 2017

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Enterrar a tu hija de 11 años: el feminicidio de Valeria en el Edomex

Enterrar a tu hija de 11 años: el feminicidio de Valeria en el Edomex

Por: Frida Guerrera Villalvazo (@Fridaguerrera)*

A Valeria Teresa Gutiérrez Ortiz le tocaba estar en casa de su papá. Tiempo atrás, sus padres se divorciaron,  por lo que ese fin de semana como muchos otros, su papá fue por ella a casa de su mamá. De ahí, Valeria salió con una mochila en la que cargó en su interior artículos personales, útiles escolares y mudas de ropa, entre ellas su uniforme.

El lunes por la mañana, Valeria fue a la escuela y al terminar sus clases, Sergio Gutiérrez, su padre, pasó por ella en una bicicleta. Eran aproximadamente las 17:00 horas. Empezaba a llover. Tratando de protegerla, su padre le dijo que la subiría a una combi (usadas como transporte público en Nezahualcoyotl, Estado de México) para que no se mojara y tuviera complicaciones en su salud.

Detuvieron la unidad de la Ruta 40, con número económico 278, en la calle Mañanitas. Valeria se despidió y subió a la combi. La lluvia era intensa. Sergio, su padre, pedaleó como pudo detrás de la unidad, pero ésta aceleró y él la perdió de vista. Pensó que minutos después encontraría a su hija en el punto de destino. No fue así.

Cuando llegó al lugar, Valeria no estaba ahí.

Vale, como de cariño le decían en su familia, tenía que haber bajado de la unidad en la esquina de Escalerillas, hacia la calle Ixtapan, unas diez cuadras después de donde abordó la combi. Nunca llegó.

Combis usadas como transporte público en el Estado de México. Foto: Especial

De inmediato, Sergio detuvo a un policía de transito del municipio de Nezahualcóyotl, quien trató de seguir el rastro del transporte pero fue inútil. Desesperados, los padres acudieron a la agencia correspondiente y como suele pasar en este país, no les hicieron caso, porque “estaban ocupados con lo de las elecciones”, según denunció en redes sociales Jaqueline Ortiz, la madre de Valeria.

Y no sólo eso, el personal de la Procuraduría les aconsejó “que le hablarán a su novio”, pues seguramente se había ido con él. Durante cinco horas, ni una sola patrulla buscó a Valeria por la zona y los agentes se negaron a levantar de inmediato la denuncia para activar la Alerta Amber. Sólo les dijeron que deberían ir a buscarla al Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) de la Ciudad de México, donde rápidamente lanzaron la ficha de su desaparición. Sin embargo, ya había pasado demasiado tiempo.

Hasta el 9 de junio de 2017; a las 10:00 horas a.m. fue lanzada la Alerta Amber; la familia y amigos de Valeria estuvieron buscándola toda la noche, pero no tuvieron éxito; aproximadamente a las 13:00 horas del viernes, vecinos de la calle Zandunga 158, entre las calles Cielito Lindo y Amanecer Ranchero, reportaron que desde la noche del 8 de junio alguien había dejado una combi en el lugar pero no se les ocurrió denunciar el hallazgo porque muy cerca de ahí hay un taller donde la mayoría de los choferes llevan a reparar sus vehículos.

Fue hasta que uno de los vecinos se asomó al interior de la combi, cuando notaron el cuerpo de una niña vestida con el uniforme de la escuela. Autoridades municipales llegaron al lugar sólo para constatar que efectivamente, ahí se encontraba el cadáver de una menor.

Valeria en la Alerta Amber. Foto: Especial

Momentos después, las autoridades confirmaron que Valeria había sido encontrada. Y la enocntraron sin vivía: había sido asesinada. El mundo se le vino encima a la familia. Por más de 24 horas, junto con los vecinos de la colonia Benito Juárez y aledañas, esperaron el cuerpo de Valeria, hasta que llegó al otro día en la madrugada a la funeraria Jardines de Oriente.

Al enterarme del suceso, me trasladé junto con Manuel Vázquez, (un periodista del medio A fondo EdoMex, quien días antes fue amenazado por los policías con ser detenido en el momento que documentaba el hallazgo del cuerpo de Valeria) a la funeraria para conocer con más profundidad el caso de Valeria.

Tras nuestra llegada, ambos padres salieron de la sala donde la niña era velada, para platicar con nosotros. Nos hicieron saber la falta de interés de las autoridades municipales para tomar la denuncia y el dolor que les generó saber lo que sufrió la pequeña Valeria, a quien con sólo once años le truncaron el sueño de convertirse en una doctora.

Nos contaron también con mucha rabia e indignación cada uno de los pasos en que las autoridades del Estado de México fueron negligentes. Cómo los funcionarios se negaron a tomar la denuncia de su desaparición a tiempo, lanzar la alerta Amber y boletinar la combi. Cómo perdieron tiempo crucial para localizarla con vida.

La dolencia se respiraba en la pequeña sala funeraria. Poco a poco, familiares, amigos, vecinos de Vale, fueron llenando el lugar con infinidad de flores blancas. Justo en ese momento, una de las tía de Vale se acercó y nos mostró la fotografía de un sujeto que había sido detenido por el atroz crimen.

Presunto asesino de Valeria. Foto: Especial

Nadie lo creía. Un día antes había sido publicada la credencial de José Octavio Sánchez Razo, de 24 años, quien según algunos medios de comunicación era el dueño de la combi. Aunque la fotografía del sujeto detenido no correspondía con la edad de quien aparecía en el carnet de identidad, finalmente fue identificado por otros choferes que se encontraban a las afueras del Palacio Municipal de Nezahualcoyotl, retenidos por algunos vecinos que se manifestaban por el crimen de Valeria.

Ante lo inocultable de la situación, la Fiscalía del Estado de México se vio obligada a generar un boletín de prensa donde ratificó la detención del presunto responsable, el mismo sujeto que aparecía en la foto de la credencial como dueño de la unidad de transporte público.

Pero eso no calmó a los vecinos. Ellos continuaron manifestándose, cansados de vivir todos los días en un lugar en el que desaparecen a mujeres y niñas a plena luz del día, un sitio que prueba cómo la corrupción y la delincuencia organizada están incrustadas en todos los niveles del gobierno.

Una de las múltiples manifestaciones por el feminicidio de Valeria. Foto: Especial

Al día siguiente, Manuel y yo acudimos a la funeraria. Ahora había más flores. No sólo eran de color blanco, sino muchos colores, acompañadas por rosas, tulipanes y alcatraces. Nuevamente contactamos a Sergio y a Jaquie, los padres de Vale, quienes amablemente nos pidieron espacio para organizar la misa y el posterior traslado del cuerpo de Vale al panteón Jardines de Oriente en Texcoco, Estado de México.

La misa se llevó a cabo. Hubo decenas de arreglos florales, los cuales fueron trasladados en camionetas en las que los familiares y amigos formaron parte del cortejo fúnebre hasta el panteón; de pronto una marcha de vecinos sorprendió a los ahí presentes, medios de comunicación y familiares de Vale.

Encabezados por niños vestidos de blanco, los vecinos se unieron al sufrimiento de la familia y gritaron al unísono: “Justicia para Valeria”, “No están solos” “A la bio a la bauo, a la bim bom bam, Valeria, Valeria, rrarra”.

Sergio Gutiérrez, el padre de Valeria, muestra las denuncias. Foto: Especial

Azul, una pequeña niña de aproximadamente 9 años, le dio voz a una carta escrita por Monserrat Castillo:

“Ayer me mataron. Me negué a que me tocaran, pero tan solo tenía 11 años, cómo defenderme de ellos, y me violaron, y después me mataron, horas más tarde me encontraron. Pero peor que la muerte, fue la humillación que vino después.

Desde el momento que tuvieron mi cuerpo inerte nadie se preguntó dónde estaba el hijo de puta que acabó con mis sueños, mis esperanzas, mi vida. No, más bien empezaron a hacerme preguntas inútiles. A mí, ¿Se imaginan? una muerta, que no puede hablar, que no puede defenderse.

“¿Qué ropa tenías?”,  “¿Por qué andabas sola?”, “Te metiste en un barrio peligroso, ¿Qué esperabas?”.

Cuestionaron a mis padres por dejarme sola. Quién se imaginaría que me harían eso. Sólo me protegía de la lluvia…

Y sólo muerta entendí que no, que para el mundo yo no soy igual a un hombre. Que morir fue mi culpa, que siempre va a ser. Que si los muertos fueran dos hombres jóvenes viajeros la gente estaría comentando sus condolencias y con su falso e hipócrita discurso de doble moral pedirían una pena mayor para los asesinos.

Pero al ser mujer, se minimiza. Se vuelve menos grave, porque claro, yo me lo busqué. Tan sólo era una niña que tomó una combi para trasladarme a mi hogar. Por eso y mucho más, me condenaron.

Y me apené, porque yo ya no estoy acá. Pero vos si estás. Y sos mujer. Y tenés que bancarte que te sigan restregando el mismo discurso de “hacerte respetar”, de que es tu culpa que te griten, que te quieran tocar/lamer/ chupar alguno de tus genitales en la calle por llevar un short con 40 grados de calor, de que vos si viajas sola sos una “loca” y muy seguramente si te pasó algo, si pisotearon tus derechos, vos te lo buscaste.

Te pido que por mí y por todas las mujeres y niñas a quienes nos callaron, nos silenciaron, nos cagaron la vida y los sueños, levantes la voz. Vamos a pelear, yo a tu lado, en espíritu, y te prometo que un día vamos a ser tantas, que no existirán la cantidad de bolsas suficientes para callarnos a todas.

Hagamos viral esta noticia, que se haga justicia, no más niñas violadas y asesinadas, esto ocurrió en Nezahualcóyotl, pero pasa a diario, no importa la hora o el lugar, justicia para Valeria que tan solo tenía 11 años… Hagamos presión mediática, comparte esta publicación, hoy fue Valeria mañana podrías ser tú, tú hija, tú hermana, basta no más FEMINICIDIOS”.

Los padres de Valeria. Foto: Especial

El llanto de la familia se unió a la voz de la pequeña Azul. Justo a las 14:09 horas el cuerpo de Valeria salió trasladada en una camioneta blanca propiedad de la funeraria; autobuses, automóviles particulares, vehículos de prensa, incluido el nuestro, seguimos el cortejo que llevaría el cuerpo de la pequeña de once años que sería doctora, una niña brillante con altas calificaciones, que apenas terminaba la primaria.

El cortejo fue acompañado hasta la Av. Bordo de Xochiaca por elementos de tránsito de la policía municipal y una camioneta de la Fiscalía de Atención a Víctimas de Violencia de Género.

El cuestionamiento de muchos de los asistentes fue “¿Ya para qué?”. Pudieron evitar esta tragedia cuando los padres acudieron a poner la denuncia y solicitud de alerta amber que les fueron negadas. En cambio, parecía que sólo se aseguraban de que el cuerpo de la niña llegará al panteón; seguridad que no le brindaron cuando fue reportada desaparecida, cuando había la posibilidad de encontrarla viva.

Una de las múltiples manifestaciones por el feminicidio de Valeria. Foto: Especial

Antes de salir de la funeraria, los padres de Vale fueron muy claros con los medios de comunicación.

“Tienen las puertas de mi casa abiertas, puedo dar todas las entrevistas que gusten, pero por ahora no por favor, hagan las tomas que necesiten, pero en el panteón les pedimos discreción”, aclaró Jaquie, la madre de Vale.

Así fue que llegamos al panteón. Hicimos algunas tomas del cortejo que se dirigía al lugar donde instantes después sería sepultada la pequeña Vale entre cantos, ¡vivas!, llanto, reclamos, preguntas sin respuesta.

Tras su despedida, en el cielo azul que raramente se ve en el Estado de México, volaron decenas de globos rosas y blancos  que fueron liberados para acompañar el espíritu de la pequeña Valeria al cielo; en ese momento nos retiramos del lugar, para dejar en su espacio privado a la familia, amigos, vecinos de Valeria.

Una de las múltiples manifestaciones por el feminicidio de Valeria. Foto: Especial

Valeria Teresa Gutiérrez Ortiz pudo haber sido salvada por las autoridades. Valeria no tenía porque sufrir la vejación, el sufrimiento que nos imaginamos, padeció. Vale debió ser rescatada a tiempo. No fue culpa de sus padres. Vale no viajaba sola, atrás iba su papá, quien subió a su hija a la combi esa noche con la pretensión de protegerla de la lluvia para llegar a casa, sana y salva.

Sí, hay un responsable, ahora detenido, pero como en muchos casos las autoridades pudieron evitar tan deleznable crimen.

Al redactar estas líneas, la cabeza y el corazón se me llenan de interminables dudas; ¿Por qué si podían evitarlo, no lo hicieron?

*Texto publicado originalmente en el sitio de la periodista Frida Guerrera

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