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Polemon | 17 octubre, 2017

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11 Comentarios

El Jaime Avilés de Polemón

El Jaime Avilés de Polemón

Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

I

10 de agosto de 2017. Jaime estaba sentado en una silla: miraba una computadora. Hacía una expresión de disgusto, mezcla de incomodidad con enfado.

-No me gusta.

César Huerta (Zorro), que estaba parado atrás de él, junto a Antonio Ortiz y a mí, apretó un botón de la computadora.

-Tampoco

Otro botón.

-No

Otro

-Basura.

Uno más.

-Pésimo.

Estábamos buscando “plantilla” para un portal periodístico del cual lo único que teníamos eran el nombre y las ganas de nosotros. De ahí en más, nada.

Jaime quería algo “con movimiento”.

Se puso de pie y comenzó en un pizarrón a trazar líneas que asemejaban un dibujo de un escenario.

-Primero, quiero que cuando se abra la página, aparezca una cortinilla de teatro, roja de preferencia. Después, que cada entrada aparezca como con movimiento. Hay que ponerle teatralidad a la página. Y que cada nota sea diferente, que tenga distinto fondo.

Los tres, Antonio, Zorro y yo, nos volteamos a ver. ¿Le debíamos decir que eso no se podía, al menos no ahora con las deudas que cada uno cargaba y con los pocos recursos que se vislumbran con el futuro profesional de cada uno?

Hablé yo.

-Oye Jaime, pero eso… cuesta.

Él, como empresario que está dispuesto a abrir una chequera pletórica de billetes de cien dólares, preguntó:

-¿Cuánto?

Yo volteé a ver a Antonio, que era nuestro programador y diseñador. Entendió mi mirada.

-Ahhh… Ehhhhh, pues eso…, sí está complicado, es diseño, programación, y cada página tendría que hacerse de forma distinta, y hay que re-direccionar, y eso hace dificilísimas las cosas y también súper tardadas, y aumenta muchísimos los costos porque el diseño se haría por cada entrada, y programar eso, además de que demora, sale carísimo, porque hay que contratar de planta a diseñadores y programadores…

Jaime miró detenidamente la explicación de Antonio. Duró parado unos segundos. Su rostro contrajo un algo de enfado e impotencia. Se volvió a sentar en la silla.

Zorrito –como siempre le llamó a César Huerta-, síguele picando para ver más plantillas.

II

Cosas que coincidieron en el tiempo: a Jaime lo expulsaron de La Jornada y a mí, el director de La Jornada Jalisco, me dejó de publicar artículos de opinión y crónicas que porque era “poco objetivo”. Nos quedamos vacíos: más él que yo.

Jaime pensó que a mí me habían echado de La Jornada Jalisco por las diferencias que él tuvo con La Jornada. Yo disentía de su apreciación, y se lo hice saber: “a mí me echaron porque Juan Manuel Venegas es un hijo de la chingada que se vendió al PRI. Nada tuviste que ver tú”. Pero nunca lo convencí. Como deuda ante lo que él definió como “su efecto perverso” en mi desarrollo profesional, decidió protegerme.

Primero las letras de Jaime se fueron a un portal muy pequeñito de Mazatlán: Fuentes Fidedignas. Me invitó: “está horrible, pero al menos el director nos va a pagar las colaboraciones”. Ahí él duró poco. Y yo, claro está, también.

A Jaime le costaba trabajo no escribir Desfiladero. Por eso le ofrecí que publicara en un portal de Guadalajara (un poco más grande que Fuentes Fidedignas, pero igual de insignificante): Proyecto Diez. Fueron varios meses en los cuales Desfiladero se publicó ahí. En ese tiempo fue que nació la idea de hacer un portal propio. Nuestro. De nadie más.

Él no sabía nada de portales, y Zorro y yo, medio le hallábamos, pero no como para hacerlo, diseñarlo, programarlo. Por eso acudimos con un amigo: Antonio Ortiz, quien tenía más conocimiento en esos menesteres. Él accedió a ayudarnos.

III

Zorro y yo llegamos a la casa donde Jaime se quedaba cuando iba a Guadalajara. Habíamos logrado llegar en el Facebook de Polemón a 10 mil likes.

-¿Quién le da la noticia? –me pregunta Zorro–.

-Pues tú –le respondí–

Tocamos, y abrió la puerta Jaime. Se acababa de levantar. Eran las doce del día.

-Pásenle, pásenle.

Zorro y yo nos sentamos en el sofá rojo que estaba en medio de la sala. Sonreíamos y nos frotábamos las manos. Jaime se quedó parado.

Tenemos una muy buena noticia –dijo Zorro–: llegamos a 10 mil likes. Y eso en unos pocos meses.

Jaime se quedó mirando a Zorro. Observó detenidamente su expresión, que era la de un niño que acaban de informarle a su papá que ha obtenido cien en el examen de matemáticas.

¿Y con eso como para cuántas comidas nos alcanza?

La sonrisa de Zorro, y la mía, se desvanecieron: tenía razón, uno no come de likes.

 

Equipo de Polemón, durante entrevista con Andrés Manuel López Obrador, en septiembre de 2015. Foto: César Yáñez.

IV

Trabajamos en la casa de Antonio Ortiz, que era además de su oficina, su taller de impresión (todo en el mismo lugar). Discutimos la plantilla, la periodicidad del portal, los colores, el logotipo, quiénes escribirían, etcétera.

El primer logotipo. “No”. El segundo. “Tampoco”. El tercero. “Menos”. 

Mejor nos fuimos a dormir. “Mañana le seguimos”. Después de varios intentos, por fin salió: Polemón, el griego, con ojos rojos y un círculo también rojo. “Está poca madre” –le dijo Jaime a Antonio Ortiz–. Y éste descansó después de presentar varios diseños.

-Ahora falta el eslogan –nos dijo Jaime–; piénsenle.

Nos quedamos callados, reflexionando, exprimiendo al máximo nuestra creatividad: todos sentados en torno a una mesa cuadrada. Zorro dijo algo y la respuesta fue un silencio tan estridente que se entendió que eso no iba a ser jamás. Yo dije algo, y lo mismo. Antonio y nuestra amiga Mar y Mar (quien se había incorporado en esa sesión a la “talacha”) mejor no abrieron la boca.

Jaime se levantó de su silla. Caminó unos pasos, y de repente habló: “Semanario mensual que sale todos los días”. Antonio como que rio, pensó que era un chascarrillo de Jaime. Seguramente dedujo que, para una publicación seria, ese eslogan era demasiado irreverente.

Nos quedamos callados.

¿Y saldrá todos los días? –no sé si pregunté yo o lo hizo Zorro–.

-Tienen razón –dijo Jaime–. Mejor, “Semanario mensual que sale todos los días a veces”.

Y así quedó el eslogan: estábamos en la vanguardia.

V

Necesitábamos dinero. Queríamos pagar las colaboraciones, los cartones, la gente que estuviera laborando en Polemón no lo debía hacer sin recursos. El amor al arte está bien, pero no da para sobrevivir. Es cosa de justicia. De derechos.

Era una noche de diciembre. Estábamos tomando unas cervezas en un café-bar que estaba a un costado del Teatro Degollado, en Guadalajara. Hacía, sorprendentemente, algo de frío en la ciudad. Todos con chamarras. Discutíamos de dinero. O más bien, de la ausencia de él.

Yo dije algo de mis perros. Y Zorro algo de su perra. Y entonces, a Jaime se le ocurrió una idea: fijarnos en los consumidores de animales. Planeamos todo en esa mesa: editaríamos un periódico que se llamaría Animalia, lo publicaríamos quincenalmente: haríamos reportajes de animales que existían y de los no existentes (incluso ya teníamos una lista), iríamos a vender publicidad a los consultorios veterinarios, tendríamos una sección de asesoría psicológica para perros con problemas de conducta (“tú perro sufre de depresión, no importa, el Dr. Avilés te explicará cómo hacerlo un perro feliz”), posibilitaríamos romances caninos, investigaríamos sobre los animales más extraños del mundo. Tardamos varias horas discutiendo si debía haber una sección de toros.

Jaime estaba emocionado: podría narrar todas sus experiencias en la crianza de conejos, y en la preparación de los mismos.  

-“Con lo que saquemos de eso, echamos a andar Polemón diario” –nos dijo–.

Nunca lo hicimos, por ende, nunca editamos Polemón diario.

VI

Jaime pensó a Polemón como un semanario: cada sábado se debían publicar seis o siete textos. Saldrían a las doce de la madrugada todos. Incluido su Desfiladero. Le habíamos hecho saber que eso no era conveniente, porque el internet tenía ciertas dinámicas distintas a las de los medios tradicionales y…. No nos escuchaba.

El primer número de Polemón estábamos en la casa donde Jaime se quedaba en Guadalajara. Dibujó la portada del portal en un pizarrón, y entonces estuvo colocando los textos que habíamos hecho. Aquí va el Desfiladero, acá va la notita de Zorrito, acá el texto de Naredo, acá la colaboración de Alfredo, acá va el cartón de Rapé, y acá va…

Ese día discutimos títulos, pertinencia, temáticas, relevancia de notas, impacto, contextos, escrituras. Mirarlo y escucharlo fueron las clases de periodismo más sorprendentes y alucinantes que jamás tuve.

Cuando concluimos, Zorro y yo estábamos hechos polvo. Cansados. Eran pasadas las cuatro de la madrugada. A mí se me cerraban los ojos. Había sido todo intenso, habíamos cambiado imágenes, discutido, redactado mejores entradas y finales, etcétera.

Entonces, Jaime, nos preguntó:

-¿Qué procede, a dónde vamos ahora? ¿Hay algún barecito abierto?

Yo me fui a casa. Zorro también. Y seguramente Jaime salió a buscar un bar abierto.

Ese fue el primer número de Polemón. Después, vinieron dos o tres, y Jaime lentamente entendió que, sacar todos los textos el sábado en la madrugada, no era lo conveniente, y que había que mudar la dinámica de trabajo. Lo fuimos haciendo, y él, poco a poco, entendió que las redes sociales tenían su particularidad. Yo pienso que nunca lo convencimos del todo: lo de editar un viernes a las doce de la madrugada, y después de eso ir a tomar cervezas y whisky, era algo que tenía un encanto incomparable e irrenunciable.  

Jaime Avilés y Jorge Gómez Naredo, en los días previos al lanzamiento de Polemón. Foto: César Huerta.

VII

Le marco a Jaime porque, una de sus columnas, que solían moverse muy bien, comenzó a tener un alcance mucho más alto de lo normal.

-Oye, Jaime, tu Desfiladero de ayer ya tiene un montón de visitas y de likes y de compartidas. Se está moviendo muy cabronamente.

-Ah mira qué bien.

Al principio, cuando hablábamos de los alcances de Polemón, Jaime era seco. No es que no mostrara interés, es que había algo que no le alcanzaba a llenar.

Jaime fue un periodista que siempre escribió en papel. Sus notas, sus reportajes, sus crónicas, siempre estaban en los puestos de revistas. Ahí, en la ciudad que caminaba. Pasar del papel a lo digital fue un duro golpe para él. No seguir publicando en La Jornada le dolió muchísimo y siempre. No estar ahí, en las páginas. Entendía que el mundo se estaba volviendo distinto, que menos gente leía los periódicos en su formato tradicional, pero el hueco que le quedó después de salir de La Jornada no se llenó nunca.

Al principio soñamos con hacer de Polemón un semanario impreso. O un periódico: algo físico. Después nos hicimos a la idea de que el portal había nacido en la red y ahí debía quedarse. Así me lo dijo cuando fui a visitarlo al hospital de Cancerología, poco menos de un mes antes de su fallecimiento: “me ofrecieron varios espacios en diarios –sonreía al hablar–, yo comienzo a escribir ahí, sacamos feria, y le pegamos duro a Polemón. Esto va para adelante. Vienen tiempos muy buenos”.

Había muchos proyectos: libros, compilación de crónicas, hacer coberturas sobre las elecciones de 2018, entrevistas, salir a las calles, encontrar historias, contar historias.

Polemón nunca se planteó como un portal para “informar” con “objetividad” sobre la “realidad”. Más bien se planteó para cambiar el mundo: para transformar este país que cada día cae más en un despeñadero. Polemón nació combativo, revolucionario.

VIII

Zorro, Alejandra y yo estábamos sentados en el sillón rojo del departamento donde Jaime solía quedarse en Guadalajara. Hablábamos de un problema vial, o del tráfico de la ciudad, o de un choque que hubo cerca.

Jaime solamente observaba nuestro decir. De repente, como quien va a contar un secreto, comenzó a hablar:

Tuve un accidente ayer.

-¿Cómo? ¿Dónde? ¿Grave? ¿Estás bien?

-Iba yo muy tranquilamente adentro del supermercado, y una señora a toda velocidad (con toda la imprudencia del mundo) estampó su carrito contra el mío.

-¿Lo estampó?

-Bueno, fue un rozón. ¡Pero qué insensatez! Ya no hay educación vial para andar en los pasillos de los supermercados.

Todos reímos. Yo le dije:

-¿Y si sacamos una nota en Polemón que se titule: “Director de revista insignificante sufre accidente en carrito de supermercado”?

Jaime soltó la carcajada.

Zorro, emocionado, mencionó: “sería un hitazo, se movería mucho”.

 

Jaime Avilés con César Huerta, en los días previos a la creación de Polemón. Foto: Jorge Gómez Naredo

IX

Jaime sabía que yo me dormía temprano, que tenía el sueño muy pesado, y que me levantaba a las seis de la mañana (las horas en que él solía apenas dormirse). Por eso, me solía enviar mensajes de celular dándome indicaciones: “te mandé el Desfiladero”, “hay que retomar esta información”, “ya viste eso, habrá que entrarle al tema”.

Así era la comunicación cuando estaba él en la Ciudad de México y Zorro y yo en Guadalajara.

Al principio, Polemón nació como un medio pequeño, pero gracias a la gente que leía a Jaime, el portal se fue llenando de seguidores. No millones, pero sí muchos. Jaime le comenzó a tomar un cariño especial al portal. Cuando un día fui a la ciudad de México, y fuimos a un bar de blues, me presentaba como “el segundo de Polemón”, a gente que en su vida había escuchado hablar de Polemón. Jaime estaba orgullo de lo que hacíamos a pesar de nuestras carencias, a pesar de que, para sobrevivir, solamente le dedicábamos un poco de tiempo.

Ahora que él ya no está, Zorro y yo estamos como y acongojados. Cuando nos trasladábamos al ex Dé Efe para asistir al velorio de Jaime, discutimos qué debíamos hacer: ¿cerramos el portal? ¿le seguimos? ¿qué hubiera querido Jaime que hiciéramos? Todavía estamos hablando de eso. Nos duele tanto que él ya no esté acá: nos dejó huérfanos.

X

Preocupaciones económicas por Polemón y posibilidades de financiamiento:

Un día Jaime, en una cantina de Guadalajara, nos dijo muy serio (como si estuviera enfrente de un grupo de potentados empresarios) que tenía el invento que nos permitiría transformar a Polemón en diario: el “micro batidor de huevos”. Nos los describió como un motorcito con una aguja puntiaguda, que, sin romper la cáscara del huevo, le haría un orificio. Ya adentro, la aguja se extendería en pequeñas hélices batiendo la yema y la clara a una velocidad impactante. Después, las aspas volverían a su lugar y la aguja saldría. El huevo quedaría batido dentro de la cáscara, listo para echarse al sartén.

“Si lo patentamos y lo comenzamos a producir –dijo Jaime, muy satisfecho y optimista–, sacamos para expandir el emporio Polemón“.

XI

Me queda claro que Jaime ha sido uno de los mejores cronistas de este país. Su mirada del mundo, la forma en cómo contaba, en cómo describía. El lenguaje que usaba. Su humor. Su sátira. La forma de burlarse de todo, incluso de él mismo. Su ironía. Su capacidad para conocer los lugares más recónditos de las ciudades que visitaba. La facilidad que tenía para escuchar y para pescar los detalles que mostraban lo importante de un tema, de una historia.

Jaime era un genio. Un genio que, en los últimos años, fue tratado con desdén por muchos de los grandes medios de comunicación y quienes laboraban y laboran ahí. Sí, él tenía sus convicciones que disentían de la forma en cómo unos miraban el mundo. Pero, ¿acaso el poseer convicciones no es, más que defecto, una gran virtud?

Polemón, como lo describió en Milenio un petulante Alejandro de la Garza, es un “micro sitio”. Pero es un “micro sitio” con dignidad. Un “micro sitio” que, desde el principio, se planteó la humilde labor de decir lo que pensamos para cambiar a México.

Nos da pánico estar sin Jaime. Pero sé que él hubiera querido que continuáramos. Deseaba que apoyáramos la transformación de México. Las elecciones de 2018 eran la próxima estación. Y no podemos dejar que este país se vaya a la mierda. Al menos, no podemos dejar que se vaya con nuestro silencio.

Sí, Jaime, acá andamos. Tristes, huérfanos, pero acá andamos.

El pastel para la celebración del segundo aniversario de Polemón.

Comentarios

  1. Felipe Báez

    Muy intersante, como toda empresa tiene su historia de gestación, sé que el empuje de Jaime durará mucho tiempo; de eso depende el amor por éste País que nos ha dado tanto y que debemos poner a las personas que quieran aprovecharse de candor para robar y asesinar a luchadores sociales, periodistas, lideres comunitarios, estudiantiles, laborales que buscan defender al pueblo del liberalismo salvaje que tenemos como forma de gobierno ¡Felicidades!

  2. Crear una empresa en estos tiempos es una tarea casi imposible, más tratándose de la industria editorial, la gente en nuestro país casi no leé, se guían por los medios visuales antes que por los escritos. Aún los grandes periodistas y medios, están pasando por una crisis económica muy aguda. El soporte de cualquier medio antes era la publicidad, pero hoy en día la publicidad se debe trabajar en forma sostenida y no es fácil obtenerla, además, hay que contar con un cuerpo medianamente construído, como un local adecuado, un mínimo de personal operativo con un soporte administrativo capacitado. Una tarea para titanes que tengan la visión y arrojo necesarios. A los sucesores de Jaime Avilés, les deseamos mucho éxito, la tarea es enorme.

  3. Para mi gusto, el mejor periodista que ha existido en México por la interesante e importante información que valientemente compartir con sus lectores. Si para Jaime el haber salido de La Jornada le dejó un hueco que nunca llenó, el quedarnos ahora sin su Desfiladero será un vacío que nadie podrá ocupar y que mucha falta nos hará.
    Un abrazo con mucho aprecio y agradecimiento a donde quiera que ahora esté ese gran ser humano. Mi más sentido pésame a todos sus familiares que deben estar orgullosos de haber compartido su vida con Él. Mis mejores deseos para quienes queden con esa gran pero honrosa responsabilidad de continuar con Polemón.

  4. Noemi

    No hace falta decir mucho, basta con reconocer que espacios de comunicación como Polemón son más que necesarios, aún más cuando efectivamente todos o la gran mayoría de los que existen solo difunden su “información” con su “objetividad” sobre su “realidad”.
    Y en este esfuerzo que valientemente tratan de continuar, he intentado hacer donativo por medio de paypal pero nunca ha abierto la pagina. Por que no nos dan otras opciones para para enviar nuestras aportaciones económicas? El sistema de wikipedia es bueno y podemos aportar desde 30 pesitos!!! Yo lo quiero hacer, por mi, por mi país, por mi mundo….. y por Jaime y todos ustedes.

  5. Efren de la Cruz

    Pocos entienden el concepto de Riqueza, riqueza es el poder morir, sin sentir la vergüenza de cómo será recordado tu nombre, todos recordaremos a un periodista que no se vendió ni vivió del chayote y los que quedamos aquí, a honrar su memoria continuando su legado.

  6. Elena Esteva

    Jaime era el mejor cronista y su columna se volvió indispensable, desgraciadamente él se ha ido, pero están ustedes y el proyecto que iniciaron juntos, no se rindan muchachos, los seguiremos leyendo ¡Viva Polemón!

  7. Mara González

    Ánimo, este pais no está para seguir perdiendo gente comprometida, indignada y creativa, nada esta fácil asi que aqui les seguiremos buscando. Pronta recuperación y fuerza.

  8. Nils Coutiño

    Felicidades por su segundo aniversario. Señores les hago una sugerencia: Por que en honor a tan valioso, importante, genio periodista, le cambian el nombre a este portal al de, “Desfiladero”; el solo nombre ya dice todo para que mucha más gente (recuerde) y se acerque al portal.

    Muchos que lo leíamos en La Jornada no sabíamos que Jaime estaba generando este proyecto.

    Creó que desde un inicio le debieron llamar Desfiladero a el portal, para atraer por añadidura a parte (o gran parte) de los lectores permanentes de esta columna.

    Tal vez parezca un atrevimiento en estos momentos tristes para nosotros; pero la sugerencia la hago con toda la intención de que sigan adelante con este buen proyecto.

    Una vez más Felicidades por el 2° aniversario…! y a seguir adelante in memoriam.

    Honor a quién honor merece…!

  9. walkiria

    Les agradezco mucho esta historia, he reido y he sentido tristeza al leerla, pero que bueno que la escriben porque habla de la gran calidad humana de Jaime Avilés y también de ustedes. Sigan Adelante.

  10. Juan

    Adelante

  11. andrés eduardo yáñez ortega

    Participé con Jaime en el grupo Plan De Los Tres Puntos, que él formó para para luchar contra el desafuero de AMLO. Para entonces yo era ya un ávido lector de Desfiladero , una columna que le daba prestancia y, por supuesto, prestigio y sólida credibilidad al que fué el proyecto periodístico de izquierda más prometedor… digo que fué porque se ha desdibujado notoria y lamentablemente. Para muestra, la insólita actitud contra los dirigentes del Sitrajor…!!! Pobre Jornada, tan lejos de Jaime y tan cerca del retroceso… Perdónalos Jaime, pues no saben lo que hacen. Hasta siempre señor Avilés, seguiremos su espíritu en Polemón.

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